Revista de Divulgación Científico-Tecnológica del Gobierno del Estado de Morelos

Antiepilépticos de Nueva Generación

Biól. Oscar Rivera Bahena
Laboratorio de Embriología e Histología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UAEM
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Durante muchos siglos la epilepsia fue considerada enfermedad sagrada, las creencias de contenido mágico y supersticioso entonces aceptadas para explicar las crisis epilépticas como producto de la posesión demoníaca, fueron debatidas por Hipócrates quien señaló: “En cuanto a la enfermedad que llamamos sagrada, he aquí lo que es: ella no me parece más sagrada ni más divina que las otras, ella tiene la misma naturaleza que el resto de las otras enfermedades; y, por origen, las mismas causas que cada una de ellas. Los hombres le han atribuido una causa divina por ignorancia y por el asombro que les inspira, pues no se parece a las enfermedades ordinarias.”

Sin embargo, fue hasta el siglo XIX y principios del XX cuando el desarrollo de la neurología clínica experimenta una época de sorprendentes avances. En consecuencia, el abordaje de los trastornos epilépticos se modifican y los conocimientos se acumulan rápidamente, creándose la necesidad de difundirlos e intercambiarlos. Esta razón mueve a fundar la Liga Internacional contra la Epilepsia, que la define como: fenómenos clínicos transitorios, resultantes de una actividad anormal, excesiva y sincrónica de una población de neuronas cerebrales, sin olvidar que crisis aisladas y no repetidas difícilmente pueden catalogarse como crisis epilépticas. Potencialmente cualquier cerebro es capaz de generar una convulsión como resultado de circunstancias particulares como: fiebre, hipoglucemia y trastorno electrolítico (Rivera, 2003).

La clasificación de las crisis epilépticas es muy grande y muy variada por lo que pueden ser parciales o generalizadas. Desde el punto de vista del pronóstico a largo plazo, se clasifican en cuatro grupos:1) 30 % de los pacientes tienen una enfermedad leve autolimitada que desaparece en poco tiempo; 2) 30% son controlados fácilmente con los antiepilépticos y en quienes la enfermedad desaparecerá con el tiempo; 3) 20 % esta constituido por los pacientes que presentan epilepsia crónica que responden parcialmente a los antiepilépticos con tendencia a tener recaídas; 4) se encuentran los pacientes con una enfermedad crónica que no remite y que responde inadecuadamente a los antiepilépticos convencionales constituido por el 20% restante. Los pacientes pertenecientes a los dos últimos grupos se consideran fármacoresistentes los cuales quizás se verán beneficiados con la administración de nuevos antiepilépticos (Volcy-Gómez, 2004).

La epilepsia del lóbulo temporal medial es la forma más devastadora, ya que se le asocia con la pérdida de neuronas del hipocampo, cerebelo y otras regiones del cerebro por lo cual se considera la de más alta prevalencia en pacientes con crisis parciales farmacoresistentes (González-Maciel, et al. 2001).

Hasta 1990 se disponía de aproximadamente 16 antiepilépticos clásicos; 13 de ellos se clasifican en cinco grupos químicos muy similares: barbitúricos, hidantoínas, oxazolidinedionas, succimidas y acetilureas. Estos grupos tienen en común una estructura de anillo heterocíclico similar, con diversos sustituyentes, los fármacos restantes (carbamacepina, ácido valproico y benzodiacepinas) son estructuralmente distintos. Los fármacos de nueva generación que han sido comercializados son: vigabatrina, lamotrigina, felbamato, gabapentina, topiramato, tiagabina, oxcarbacepina y levetiracetam, esta diversidad de fármacos ofrece una mayor posibilidad en la elección del tratamiento.

La aparición de numerosos fármacos antiepilépticos responde a tres aspectos básicos: la falta de eficacia en el control total de las crisis epilépticas de los fármacos clásicos en una parte de la población con esta enfermedad; como un intento de conseguir fármacos más fáciles de usar; que tengan menos interacciones que los clásicos, es decir, con mejores características farmacocinéticas y con menos efectos adversos para tratar de lograr una mayor eficacia o ampliar el arsenal terapéutico con fármacos de distintos mecanismos de acción.

Ninguno de los fármacos utilizados para controlar este padecimiento puede considerarse como “el fármaco ideal”, ya que presentan efectos adversos. Los antiepilépticos clásicos más utilizados para el tratamiento de las crisis convulsivas son: el fenobarbital, la fenitoína y la carbamacepina; los cuales, han sido asociados con malformaciones mayores, microcefalia, retardo del crecimiento y anormalidades en la cara y manos de fetos expuestos durante la gestación, así como también interfieren con el metabolismo del ácido fólico, produciendo un incremento de riesgo de defectos cardiovasculares. En estudios realizados con fenitoina, fenobarbital, diacepam, clonacepam y el ácido valproico se ha demostrado que ejercen un efecto de neurodegeneración en la región CA1 del hipocampo, giro dentado, hipotálamo y cerebelo entre otras regiones.

Sin embargo, los efectos adversos de los antiepilépticos de nueva generación son menos severos, comparados con los fármacos clásicos. En los ensayos comparativos en monoterapia (uso de un único fármaco) ya sea con lamotrigina, vigabatrina, gabapentina y oxcarbacepina se ha mostrado menor número de efectos adversos que con la carbamacepina. Los nuevos fármacos, poseen un menor riesgo de hipersensibilidad o toxicidad severa hematológica o hepática. Las complicaciones más severas reportadas de estos nuevos fármacos son: la aparición del síndrome de Stevens-Johnson (reacción de hipersensibilización que afecta la piel y las membranas mucosas) con lamotrigina, la restricción del campo visual cuando se emplea vigabatrina, anemia aplásica y hepatopatía severa asociadas al uso de felbamato. Únicamente se han publicado dos casos aislados de fallo hepático grave, posiblemente en relación al tratamiento con lamotrigina o topiramato. Se han realizado estudios con la oxcarbacepina donde se observó que este fármaco reduce los ataques producidos por la administración de ácido kaínico pero no ejerce efecto neuroprotector en las neuronas del hipocampo y cerebelo (Arroyo, 2004).

Para finalizar, es preciso destacar que en el Laboratorio de Embriología e Histología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UAEM se han realizado dos estudios con uno de estos antiepilépticos de nueva generación, “el topiramato” bajo la dirección del M en C. Jorge Salazar del Río, la Biol. Patricia Escobar Castañeda y el Dr. Fructuoso Ayala Guerrero: en el primer estudio, realizado en modelos experimentales, se observó que el fármaco ejerce efecto neuroprotector a nivel histológico en las células de Purkinje del cerebelo (Fig. 2) y en la capa piramidal de la región CA3 y CA1 del hipocampo donde se apreció que la morfología de estas neuronas no se vio alterada bajo la presencia del inductor de epilepsia (ácido kaínico ver figura 3) así como también se vio que en dosis terapéutica el fármaco no produjo alteraciones en el cerebelo; y en la región CA3 del hipocampo, se observaron algunos cambios en la morfología de las células piramidales de la región CA1 del hipocampo, sin embargo, estadísticamente no fue significativo. En el segundo estudio, realizado en embriones de pollo se apreciaron efectos teratogénicos en los embriones tratados con el topiramato siendo las partes mas afectadas sistema nervioso, somitas y corazón.

Fig.1 Célula de Purkinje del cerebelo de Rata Wistar tratada con solución salina, se aprecia su núcleo y nucleolo observada a 100X

Fig. 2 Célula de Purkinje del cerebelo tratada con topiramato y ácido kaínico aparentemente normal observada a 100X

Fig. 3 Celula de Purkinje del cerebelo tratada con ácido kaínico núcleo y nucleolo de forma excéntrica observada 100X

 


El Biól. Oscar Rivera Bahena, es técnico académico del Laboratorio de Embriología e Histología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UAEM, egresado de la misma institución. Primer lugar en el verano de Investigación Científica como asesor, ganador del segundo lugar en el Congreso Nacional de Microscopia; participante en el concurso de tesis del Congreso Nacional de Histología. Colaboración con el Laboratorio de Neurobiología y el Centro de Investigaciones Biomédicas del Sur.