Revista de Divulgación Científico-Tecnológica del Gobierno del Estado de Morelos

Masculinidad y femineidad en el fútbol

Archivo: Antropología social

Antropólogo Luis Adrián Calderón Gutiérrez / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Dr. Ricardo Melgar Bao / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Delegación Morelos)

La masculinidad y el fútbol van directamente de la mano, sólo hace falta observar lo que sucede en una cancha de juego. En el fútbol que se practica de forma profesional recaen todas las representaciones existentes y manifiestas de lo que debe ser un hombre: viril, poderoso, resistente, apasionado, trabajador, proveedor, recurrente, detallista, introvertido, extrovertido y sobre todo, destacado por encima de los demás. Es un terreno donde se reafirma la identidad de género por medio del reconocimiento de los otros a partir de las habilidades que se tiene con la pelota, esto es, una conformación identitaria individual desde un colectivo que le observa, juzga, mide y califica, e incluso, descalifica debido a que también existe la transgresión de género en este deporte de equipo.

El símbolo de un equipo expresa una pertenencia, es un emblema que favorece la congregación, la fusión colectiva favorece siempre la interacción, armoniza, cohesiona, al mismo tiempo que lógicamente provoca una oposición con relación a otros grupos (Turner, 1980: 21-30). De aquí que se desprenda cierta ritualización de género de la cual todos formamos parte, tanto de adentro hacia fuera como de afuera hacia adentro. Se trata de un lenguaje construido a través de los años que pone de manifiesto una afirmación constante de los íconos más reconocidos de la virilidad en México, y que bien toda mercadotecnia se ha encargado de alimentar, argumentando que éste es el juego del hombre, donde hombre y fútbol acaban siendo el eje representativo del deporte. Es por ello que en la cancha se reafirman los caracteres sexuales que potencian la diferenciación de género, convirtiendo al hombre en un ser masculino, y acentuando el desarrollo pleno de su carácter sexual como agente de acción social.
        El sistema productor de metáforas viriles fue cuadrando con la necesidad que se inserta en un sistema económico globalizado, donde el campo del ritual masculino es restringido a la exclusividad del fútbol. Los estereotipos de masculinidad, alrededor del fútbol, han sido creados a partir y a través de esta modernización como parte de una búsqueda general de identidades, imágenes y símbolos, convirtiendo así lo abstracto en algo más concreto, donde no se puede dejar de lado la híper masculinidad representada por este tipo de juego. En la cancha de juego queda de manifiesto todo lo que trasciende afuera, ya sea por presión del encuentro, por entradas violentas, por insultos entre los jugadores, o bien, por la celebración del jugador cuando mete gol y se despoja de su playera, presumiendo así el cuerpo atlético que ningún romano o griego antiguo envidiaría.
         La masculinidad está propiamente ligada a la sexualidad y a los estudios de género, los cuales se centraban en un principio en el feminismo: tema abordado por las ciencias sociales desde los años 70 hasta hoy día. En la actualidad no se puede hablar de fútbol y masculinidad sin referir a la femineidad: “Un hombre necesita una mujer para reafirmar su propia masculinidad, pero la mujer que cumple esta función no necesariamente es siempre la misma” y de aquí que nos encontremos con la madre, la hija, la abuela, la tía, la pareja y/o amante que nos acompañan a lo largo de nuestra vida. Entonces, se mantiene una “tensión existente entre una moral convencional que define a la mujer como pasiva y casta –la madre y la esposa disciplinada-, y un instinto romántico, en el que el hombre se ve fascinado por la femme fatale” (Mosse, 1996). Entonces, de acuerdo con lo anterior, en la construcción de la masculinidad moderna la mujer fue subordinada al hombre, pero al mismo tiempo, los reclamos femeninos fortalecían la misma masculinidad .
          En cada sociedad donde ha sido estudiada la condición de género y las implicaciones que ésta tiene sobre el contexto socio-cultural, ha llamado más la atención la dominación masculina, o bien, el empoderamiento femenino. El fútbol no es la excepción. En este deporte se encuentran tanto mujeres como hombres, y siempre ha existido una mayor atención hacia lo que sucede con estos últimos, sin dejar de lado lo que ocurre con las mujeres alrededor de este deporte . Archetti (1985), por ejemplo, comenta que el fútbol no solo es parte de las dimensiones más generales de una sociedad y su cultura sino que, paralelamente, se relaciona con la construcción de un orden y un mundo masculino, de un tema o lugar, en principio, sólo reservado a los hombres. Y si especificamos un lugar como América Latina donde “el fútbol es un mundo de hombres, es un discurso masculino con sus reglas, estrategias y su “moral”. Entonces, el lugar de la mujer, se ha mantenido regularmente en un segundo plano.
         El esfuerzo de las mujeres por incorporarse a este deporte profesional, no fructificó sino décadas después a sus iniciales intentos. El primer partido internacional de mujeres se jugó en 1920. Ahí se encontraron un equipo inglés compuesto principalmente por miembros de la famosa “Dick Kerr Ladies” en contra de la selección femenil de Escocia, que terminó con un 22-0 favorable a las inglesas. En el año de 1921, un encuentro entre dos equipos de mujeres inglesas atrajo 53 mil espectadores. Desafortunadamente, la “Football-Association” de ese país decidió que el fútbol femenino era “desagradable” y prohibió los cotejos de fútbol femeninos. A pesar de esto, las mujeres formaron su propia asociación que comenzó a jugar en campos de rugby. La prohibición de la “Football-Association” contra la mujer no se levantó hasta 1971 .
El carácter que adquiere la mujer en el fútbol es preponderante para saber las implicaciones que el hombre tiene en este deporte, pues siendo la figura femenina, mantienen una imagen que consiste en algo ajeno a su mundo varón. Por ejemplo, el saber sobre fútbol, “les está negado a las mujeres, ya sea en sus versiones más formalizadas (periodistas) como en las conversaciones de la vida cotidiana” . Lo anterior se encuentra explícito en cualquier plática “futbolera” con mujeres presentes, donde se da por hecho la ausencia de género, a excepción, claro está, de aquéllas que se pudieran interesar; no obstante, acceden sólo de acuerdo a grados diversos de inserció́n, pasando por la aceptación, resistencia y, finalmente, la exclusió́n.
          Muchas son las aristas que se pueden desprender del fútbol, la masculinidad y la femeneidad. El universo implícito en las actividades que se desarrollan dentro y fuera del terreno es digno de un análisis a profundidad en cada una de sus áreas de estudio. En este momento, se cuenta con un mayor espacio para ello, ya que son temas que están abiertos por su carácter dinámico y específico. Aquí, sólo se mostró una contribución general de manera introductoria. Los temas al respecto son variados, fértiles y dependen del contexto socio-cultural en el cual se posicionen.

 

>Archetti, Eduardo. (2000). Masculinidades fútbol, tango y polo en la Argentina, Edit. Antropofagia, trad. Alejandra Giaccone y Maria Isabel Domínguez, Buenos Aires, p. 20
Ibid.
>Mosse, G. L. (1996), The Image of Man. The Creation of Modern Masculinity, Oxford University Press, New York, p. 76.
>Véase Jones, Katharine W. (2007), “Building the Women’s United Soccer Association: A Succesful League of Their Own?” en Football in the Americas Fútbol, Futebol, Soccer, Miller, Rory M. y Crolley Liz Editors, Institute for the Study of the Americas, University of London, UK, pp. 238-252; Gabriela Binello et al. (2000), “Mujeres y fútbol: ¿territorio conquistado o a conquistar?” en Pablo Alabarces (comp.): Peligro de gol. Estudios sobre deporte y sociedad en América Latina, Clacso, Buenos Aires; Conde, Mariana Inés, “El poder de la razón: las mujeres en el fútbol”, Nueva Sociedad, núm. 218, noviembre-diciembre de 2008, pp. 122-130, en versión electrónica www.nuso.org.
>Archetti, Eduardo, “Fútbol y ethos” en Monografías e informes de investigación, Serie Investigaciones, Flacso, Buenos Aires, 1985, p. 7.
>Véase el DVD “Un juego para todos” en Historia del fútbol. El juego de la pasión, Volúmen 12, Freemantle Media International Distribution, Quality Films, RTC, Secretaría de Gobernación, México.
>Conde, Mariana Inés, “El poder de la razón: las mujeres en el fútbol”, Nueva Sociedad, núm. 218,
noviembre-diciembre de 2008, p. 124.

 


Luis Adrián Calderón Gutiérrez es antropólogo, sus líneas de investigación son fútbol, tribus urbanas, violencia, juventud y Revolución Mexicana. Es investigador asociado al proyecto “Revolución Mexicana. Redes sociales transfronterizas y presencias en el imaginario de las izquierdas latinoamericanas” a cargo del Dr. Ricardo Melgar Bao, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Delegación Morelos Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.).


Ricardo Melgar Bao es antropólogo e historiador de origen peruano, radicado en México desde 1977, se ha dedicado al estudio de los movimientos sociales de la América Latina de los siglos XIX y XX.
Es profesor investigador del INAH. Actualmente es investigador en el Centro INAH Morelos. Ha dirigido el Colegio de Estudios de Estudios Latinoamericanos y el Departamento de Estudios Latinoamericanos de la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde impartió las cátedras de Historia de las Ideas en América Latina e Historia de la Cultura Latinoamericana.