Antropología Social y Etnobiología

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(Autora: Pan American Health Organization PAHO, pahowho en Flickr)

Las metodologías participativas son aquellas donde los investigadores acompañan a la comunidad con la que trabajan para involucrarse en la delimitación, discusión y decisión respecto a los problemas o retos presentes en su vida cotidiana, ya sean temas de conservación y difusión de conocimientos locales, de su entorno ambiental entre otros. El uso de este tipo de metodologías en este caso puede ocasionar que los resultados obtenidos contengan más información sobre usos, territorialidad, conocimientos tradicionales y percepciones sobre la naturaleza circundante. Por lo tanto, también funcionan como instrumentos de empoderamiento de conocimiento local o tradicional para crear estrategias de conservación del conocimiento y de los recursos mismos. El uso de los recursos naturales en las comunidades cambia debido a los procesos de urbanización y desarrollo tecnológico. De ahí la importancia de recuperar la información que tiene la propia comunidad, para posteriormente reproducirla y utilizarla.

¿Qué es un autodiagnóstico participativo?

Un autodiagnóstico es una evaluación propia respecto a algún tema en específico. Su finalidad es: conocer la ubicación del sujeto frente a cierta realidad o problema. Por ello se trata de una herramienta de identificación y el primer paso para una resolución.

El auto-diagnóstico de recursos naturales que hacemos en el Nodo Morelos, de la Red de Patrimonio Biocultural del CONACYT, es un método de investigación participativa. Ahí, el trabajo de campo y de registro de datos es efectuado por los habitantes de las comunidades, siendo ellos los principales responsables de la veracidad de su contenido. Trabajamos con jóvenes, pues son ellos quienes, mediante el uso de los recursos propios disponibles, obtienen la información y la almacenan en sus cuadernos, en fotografías y videos tomados con sus celulares.

Es necesario recalcar que la importancia de dicho método es mostrar que las distintas técnicas de recolección de información y salvaguarda de la misma son acciones que forman parte del entorno cotidiano de las poblaciones; aunque, muchas veces, no forma parte de sus percepciones y significados. Es decir, una persona puede tener conocimiento sobre el uso de alguna planta medicinal para curar algún padecimiento, como la sábila para curar quemaduras, por ejemplo; pero ese conocimiento está tan inmerso en su cotidianeidad que no le da la importancia adecuada, sino simplemente lo sabe porque se lo han enseñado.

El empleo de este tipo de metodologías, en estos casos particulares, ocasionó que los resultados obtenidos contuvieran más información sobre los usos, la territorialidad, los conocimientos tradicionales y las percepciones sobre la naturaleza circundante.

El diálogo de saberes surge como una propuesta a partir de la discusión sobre cómo las ciencias reconocen a los conocimientos que consideran “no científicos”. Parte del hecho de que los saberes indígenas, campesinos o locales no son reconocidos como formas y métodos de conocimiento con los cuales es posible dialogar de forma horizontal. De esta forma, el diálogo de saberes propicia la participación, y ayuda a la misma comunidad a identificar sus necesidades, proponer cambios colectivos e, incluso, da voz al conocimiento local individual de forma multidisciplinaria. Este diálogo se convierte entonces en una comunicación e interpretación, y se aleja de la simple transferencia de un sistema de conocimiento a otro.

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El autodiagnóstico basado en las metodologías participativas y el diálogo de saberes consistió en actividades desarrolladas en dos etapas. La primera consistió en una guía para los jóvenes sobre cómo hacer entrevistas; por ejemplo, fueron ellos mismos quienes las aplicaron a otros miembros de su comunidad, para después elaborar bases de datos con información del organismo (plantas, animales, hongos) y sus diversos usos. También se elaboraron mapas participativos, que permitieron reconocer y delimitar su territorio, y fueron reforzados mediante recorridos de campo, para reconocer su entorno y revalorarlo. Asimismo se hicieron calendarios estacionales que representaban secuencias de procesos históricos locales. Todas las actividades fueron acompañadas y guiadas por todos o algunos miembros del equipo de trabajo.

Compartiendo conocimientos

A raíz de la información obtenida, los jóvenes participantes formularon propuestas de conservación de su propio medio ambiente y de cómo transmitir los conocimientos a otras generaciones y demás miembros de su propia comunidad. Se organizó un foro con ayuda de los profesores para invitar a los padres de familia a dialogar.

Esto nos lleva a la segunda etapa del proyecto, donde un año después tuvo continuidad mediante la divulgación. En esta ocasión los jóvenes se dividieron en dos grupos y con nuestra guía crearon en video un documental, además de un cuento sobre la importancia de las plantas medicinales locales y de la divulgación del conocimiento tradicional. Los videos fueron presentados a niños de primaria y jóvenes de secundaria de su propia localidad.

Para pensar

El tema a futuro es ver si estos procesos pueden desembocar en políticas locales y grupales para la conservación de los recursos; y con ello promover la gobernanza de los mismos como una memoria biocultural con la capacidad de ser compartida a las siguientes generaciones, asegurando su vigencia mediante diversos mecanismos de transmisión, sea oral o mediante el uso de los recursos mediáticos locales, así como por el uso cotidiano.

Con los autodiagnósticos, los jóvenes se sensibilizaron para un adecuado uso. Hubo una revaloración ecológica, cultural y económica de la coexistencia del humano con la vida silvestre, además de la importancia de salvaguardar y compartir el patrimonio biocultural, en este caso, el conocimiento tradicional, indígena, campesino o local sobre la naturaleza que los rodea.

Mediante estos talleres las comunidades fueron actores del proceso. Consideramos que, como miembros de la Red de Patrimonio Biocultural, uno de nuestros papeles es promover proyectos para empoderar el conocimiento local y los autodiagnósticos. Todos ellos basados en actividades y talleres participativos, los cuales se vuelven fundamentales para reforzar la capacidad de reflexionar, producir y transmitir conocimiento por parte de los miembros de las comunidades donde trabajamos.


Lic. Yamina Nassu Vargas Rivera / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Instituto Nacional de Antropología e Historia, delegación
Morelos y Red Temática de Patrimonio Biocultural
conacyt.