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Muchas patas y grandes beneficios

Los ciempiés son animales que pertenecen a la clase de los artrópodos, al igual que los insectos, las arañas y los cangrejos. En el mundo existen alrededor de 3 mil 110 especies de ciempiés. En México se conocen casi 190 especies y en el estado de Morelos solo 27, aunque pueden existir muchas más aún no registrados.

Junto con los milpiés, los ciempiés pertenecen al grupo taxonómico Myriapoda o de los miriápodos, nombre que significa “muchas patas”. Ambos tienen un cuerpo segmentado pero se diferencian porque los milpiés tienen uno generalmente cilíndrico con dos pares de patas por cada segmento, mientras que los ciempiés suelen tener cuerpo aplanado y con solo un par de patas por segmento.

Aunque su nombre lo diga, el número de patas en los ciempiés es variado, ya que en realidad pueden tener 15, 21 y hasta 191 pares de patas (este caso se dio en la especie Gonibregmatus plurimipes, que habita en Fiyi; este marcó el récord de mayor número de patas registrado para un ciempiés). Por lo general, el último par de patas de los ciempiés es utilizado para funciones sensoriales, o incluso para ayudar en la caza de sus presas.

Se clasifican de acuerdo al número de segmentos corporales con los que nacen. Así, por un lado, tenemos a los epimórficos, que desarrollan dentro del huevo un número de segmentos corporales invariables una vez que nazcan; y por otro lado los anamórficos, que nacen con un número de segmentos corporales que aumentarán después de eclosionar. Entre los epimórficos se encuentran los ciempiés que tienen el mayor número de patas.

Todos los ciempiés nacen de huevecillos, viven en zonas boscosas, pero también en el desierto, en los jardines, debajo de las rocas, entre la hojarasca o bajo troncos caídos. Su tamaño varía desde algunos milímetros hasta 30 centímetros de longitud, como es el caso de una especie que vive en el área del Amazonas, en Sudamérica. Exhiben gran variedad de colores que van desde el amarillo, negro, marrón, morado, rojo, hasta el azul.

En la cabeza tienen un par de antenas semejantes a collares de perlas. Pueden tener ojos simples (llamados ocelos) o compuestos, como los de las moscas y las abejas; aunque también hay algunos que son ciegos y pasan la mayor parte de su vida refugiados en el subsuelo.

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Sus movimientos son muy rápidos y la mayoría de las veces se observan durante la noche, momento en el cual salen a buscar alimento. También es más frecuente hallarlos en la época de lluvias, debido a que necesitan un ambiente húmedo dada su susceptibilidad a la deshidratación.

Para alimentarse cuentan con una especie de garras llamadas forcípulas, localizadas en la cabeza y que en su interior tienen una glándula productora de veneno, el cual les ayuda a inmovilizar y matar a sus presas, que por lo general son insectos como cucarachas, grillos, arañas y otros artrópodos.

Existe la creencia popular de que, además de tener veneno en las forcípulas, lo llevan en cada una de sus patas con las que supuestamente pican; por ello se les considera peligrosos. Sin embargo, esto no es así. Las patas de los ciempiés terminan en un tipo de uña o garra muy fina, la cual les ayudan a caminar en paredes y techos, pero en nuestra piel se sienten como pequeñas agujas.

De vez en cuando puede suceder un encuentro inesperado entre el ciempiés y el humano en el cual este insecto puede llegar a morder y causar un dolor quemante, comezón, enrojecimiento y, a veces, una reacción alérgica. Todo eso se debe a las sustancias que componen el veneno de estos animales; pero es importante enfatizar que su toxina está diseñada especialmente para insectos o arácnidos, de modo que no es mortal para los seres humanos. Las mordeduras son meros productos del azar o bien porque molestamos al animal en cuestión. En caso de ocurrir, debemos mantener limpia el área afectada para prevenir infecciones, estar muy atentos a señales de alergia y buscar atención médica para reducir las molestias, que por lo general desaparecen tras un par de días.

Los ciempiés ayudan a mantener orden en el ecosistema al alimentarse de insectos como las cucarachas. Aunque pueda producirnos miedo o repulsión el movimiento tan rápido de todas sus patas, seguramente ellos deben experimentar algo similar al estar en presencia de un enorme y amenazante ser humano. Lo único que logran hacer es huir o tratar de alejarnos levantando sus patas traseras (las más largas de todas) para que pensemos que se trata de su cabeza y que son algo muy peligroso, ya que no tienen defensa alguna ante el zapatazo o la pedrada con la que algunas personas eligen reaccionar.

Pero no todos tienen miedo a los ciempiés. Incluso hay quienes han visto en ellos un aspecto benéfico. En algunas regiones del mundo, los ciempiés han formado parte de la medicina tradicional de países como India, China, Corea, Tailandia y, claro, México. Se les utiliza para tratar desde dolores de cabeza y tos, hasta epilepsia e infecciones. Además, de acuerdo con investigaciones realizadas por científicos asiáticos y mexicanos, esos usos están bien fundamentados debido a que se ha descubierto que su veneno contiene componentes con efectos antimicrobianos, mientras otros poseen propiedades analgésicas superiores a las de la morfina, uno de los medicamentos para eliminar el dolor más potente que existe.

En nuestro país hay pocos grupos de investigación dedicados al estudio de los ciempiés, aunque destaca la labor de clasificación taxonómica de las especies mexicanas desarrollada en la Universidad de Guadalajara por el equipo del Dr. Fabio Cupul Magaña. Y, por otro lado, en el Centro de Investigación en Biotecnología (CEIB) de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos; en el grupo que lidera la Dra. María del Carmen Gutiérrez Villafuerte se investigan, desde hace más de 15 años, las propiedades del veneno de dos especies habitantes en Morelos y en gran parte de México. Hasta el momento se han identificado compuestos con actividad antimicrobiana, algunas enzimas, así como proteínas con potencial como un plaguicida de origen biológico y otras.

Así que la próxima vez que te encuentres con un ciempiés, por favor, no lo pises: déjalo seguir su camino.


 Mtra. Judith Tabullo De Robles / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Dra. María del Carmen Gutiérrez Villafuerte / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Centro de Investigación en Biotecnología de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.