Desastres naturales en México en los últimos tres siglos

En la actualidad es muy común que nos enteremos por medio de la televisión, la radio o los medios electrónicos, sobre la presencia de un huracán o hasta un aviso de alerta de tsunami en cierta región, lo cual es un excelente avance en cuestiones de protección civil.

Empleando sensores e instrumentos previamente instalados en sitios estratégicos, la tecnología les ha permitido a los científicos consultar en poco tiempo datos confiables de variables físicas como la lluvia, los vientos, las variaciones del nivel del mar y hasta imágenes de satélite para poder emitir opiniones serias respecto de posibles escenarios de riesgos. A partir de 1960 las técnicas de obtención y la transmisión de datos ha sido cada vez más eficiente, a pesar de ello, sería interesante conocer qué ocurría cuando no se tenía acceso oportuno a esta información.

Desde los tiempos de la conquista del continente americano (s. XVI) y hasta la fecha, se tienen escasos registros de inundaciones marinas en México, por lo cual no se han documentado grandes invasiones que hayan ocasionado cientos o miles de víctimas, quizás porque sus litorales no estaban tan densamente poblados (contrario a la tendencia de crecimiento costero en las últimas décadas). Sin embargo en varias zonas cercanas al mar mexicano, sí se han presentado eventos severos que lograron lesionar personas y lamentablemente a otras más les ocasionaron la muerte por ahogamiento. A continuación se mencionan algunos casos que generaron escenarios de destrucción y pánico en las zonas contiguas a los litorales marinos de nuestro país.

Temblores de San Sixto

Según las crónicas obtenidas a partir de documentos históricos, alrededor del medio día del miércoles 28 de marzo de 1787 ocurrió el sismo más fuerte que se ha sentido en nuestro país cerca de las costas de Oaxaca, alcanzando la intensidad IX en la escala sismológica de Mercalli. El efecto secundario de este movimiento telúrico desencadenó el llamado “gran tsunami mexicano” en el Océano Pacífico, observado por testigos oculares desde Acapulco, Guerrero hasta Tehuantepec, Oaxaca. Los reportes sugieren que muchas regiones costeras próximas a la zona donde se originó el tsunami fueron anegadas hasta por varios kilómetros, debido a que las múltiples oscilaciones marinas se desbordaron y lograron ocupar parcialmente las distintas planicies costeras bajas.

Algunos investigadores que emplearon simulaciones por computadora y desarrollaron modelos numéricos, lograron estimar ascensos verticales extremos (trepado marino) de hasta dieciocho metros de altitud para la zona afectada. Durante los días posteriores al sismo principal se presentaron otros movimientos telúricos altamente sensibles (réplicas) que también originaron perturbaciones marinas aunque menos agresivas respecto de las originadas por el terremoto principal. A la serie de sismos ocurridos entre marzo y abril de 1787 se les conoce como los “Temblores de San Sixto”.

Invasión marina en Zihuatanejo, Guerrero.

Alrededor de las 18:00 horas del lunes 16 de noviembre de 1925 fue reportada una invasión marina en Zihuatanejo, Guerrero. Según las crónicas el nivel del mar ascendió repentinamente invadiendo la zona habitada, logrado arrastrar gran cantidad de objetos aguas abajo cuando el mar se retiró a su nivel original. Hasta la fecha se sigue especulando que originó este misterioso tsunami y una vez descartado que un sismo lo haya desencadenado, entonces un súbito deslizamiento submarino o bien un evento meteorológico inusual apuntan a ser los probables detonadores de este fenómeno.

El mito de “la Ola Verde” de Cuyutlán

La localidad costera de Cuyutlán es bañada por las agua del Océano Pacífico y se encuentra ubicada en el municipio de Armería, Colima. Además de ser una importante zona productora de sal, Cuyutlán se logró posicionar dentro de los primeros destinos turísticos de playa altamente concurrido en tiempos posteriores de la revolución mexicana. Mientras algunos bañistas desafiaban el intenso oleaje para lograr zambullirse dentro de sus aguas de color esmeralda (de ahí el sobrenombre “el lugar de la ola verde”), desde sus litorales de arena fina se podía admirar la gran altura que alcanzaban sus rompientes al momento de disipar la energía del oleaje.

Al iniciar la jornada miércoles 22 de junio de 1932, los habitantes de la región percibieron un ligero sismo mismo que logró recoger parcialmente las aguas del Océano Pacífico casi 100 metros (más allá de las zona habitual en donde rompe el oleaje) y momentos después con evidentes estruendos el mar embravecido regresó rápidamente, pudo sortear la barrera de dunas costeras y logró atacar de forma violenta la zona habitada. Luego del tsunami se contabilizaron 75 decesos, 100 heridos y el 85% de las viviendas devastadas. Por otra parte, el 27 de octubre de 1959 en esa región se impacto un violento huracán que además de las calamidades que acarreó, también logró disminuir a partir de ese momento la intensidad de la ola verde.

Con el paso del tiempo las historias en el afamado balneario se vieron mezcladas y en pleno siglo XXI, los cronistas todavía comunican que alguna ocasión la ola verde superó los 20 metros de altura causando devastación y muerte en Cuyutlán.

El día que Janet arrasó Chetumal

Por su cercanía con las aguas del mar Caribe, el estado de Quintana Roo continuamente está expuesto a los efectos de los ciclones tropicales (aquellos procesos atmosféricos que incluyen tormentas tropicales y huracanes). Durante el mes de septiembre de 1955, los periódicos y la radio le hicieron un seguimiento oportuno al huracán Janet e informaron que este proceso ya había cobrado la vida de varios habitantes de las islas vecinas al Caribe, enfatizando su alta peligrosidad pues estaba por llegar a tierra firme siendo muy probable su ingreso por la costa en la frontera entre México y Belice. A pesar de las advertencias, muchos habitantes del sur de Quintana Roo tenían la confianza de haber sorteado otros ciclones y consideraron los avisos como exageraciones.

Cuando Janet arribó a la región la madrugada del lunes 26 de septiembre, demolió a su paso las aldeas de Xcalac y de Mahahual, pero los efectos letales ocurridos en Chetumal fueron los más alarmantes y difundidos. En la Bahía de Chetumal se presentó un grave efecto de “marea de tormenta” (elevación brusca del nivel del mar a causa del ciclón), generando severos ingresos del mar a la zona habitada, sumados al intenso oleaje, las lluvias y los fuertes vientos, lograron generar un escenario destructivo inimaginable.

Aunque se informa que ocurrieron cerca de 100 decesos en Chetumal, se estima que el paso del huracán Janet generó más de 400 víctimas de las cuales solo 187 lograron ser identificadas. A 50 años de la tragedia se erigió una estatua alusiva del huracán Janet en el “Parque Renacimiento” de Chetumal, para conmemorar el resurgimiento de la actual ciudad capital de Quintana Roo.

Monumento al Renacimiento, en recuerdo de la tragedia del huracán Janet de 1955. Chetumal, Quintana Roo.

Prevención y no solo consternación

Actualmente el gran abanico de posibilidades que nos permite acceder a la información en tiempo casi real desde dispositivos móviles no debe ser considerado como una solución a nuestras necesidades de protección civil, estos avances solo pretenden funcionar como una herramienta más para ayudarnos a tomar mejores decisiones en situaciones de alto riesgo.

Si recordamos que la actividad turística en los destinos de playa son predilectos por gran parte de la población, el peligro de que se combine este hecho con una intempestiva invasión marina (sobre todo en temporadas vacacionales) no debe tomarse a la ligera. Se debe recalcar que las acciones de prevención oportuna pueden salvar vidas, sin embargo la apatía, la incredulidad o el desconocimiento amplio de las zonas de riesgo podrían generar escenarios trágicos.

Nuestra población debe ser consciente que debe participar en simulacros ante siniestros, demandar información fidedigna (incluso por simple cultura general), pero sobre todo debe de encargarse de hacer planes preventivos con sus familias y llevarlos a cabo continuamente.

Algunas invasiones marinas que originaron muerte y destrucción en litorales marinos de México entre los siglos XVIII y XX.


ºIng. Francisco Reyes Hernández / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México