Revista de Divulgación Científico-Tecnológica del Gobierno del Estado de Morelos

Comunicación gubernamental

Dr. Juan Francisco Escobedo Delgado
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Caminos y Puentes Federales-Morelos


La gestión pública ha adquirido un alto grado de especialización, por lo que, quienes la ejercen, requieren de un alto grado de profesionalización. Ese el caso de la gestión de la comunicación gubernamental.
La Política de Comunicación Gubernamental Pública debe cumplir con los requisitos exigibles a las políticas gubernamentales, para ser consideradas como efectivas políticas públicas.
El diseño e implementación de una política pública en materia de comunicación pública es un asunto de importancia estratégica. La comunicación ha dejado de ser un asunto marginal de la gestión pública, para convertirse en una política sustantiva.

La comunicación gubernamental ya no puede aplicarse bajo el imperativo del control de la información, como ocurría en la vieja escuela de comunicadores sociales. Uno de cuyos rasgos más significativos era el manejo discrecional del presupuesto público asignado a dichas oficinas. Es cada vez más evidente el rendimiento decreciente de las viejas formas de la comunicación gubernamental.
Si el gobierno no asume con perspectiva estratégica a la comunicación gubernamental, su complejidad terminará arrollando a sus operadores.
Con Marshall Macluhan, Maxwell McCombs, Phillippe Mareek, pasando por Niklas Luhmann, hasta Dominique Wolton, sabemos de la creciente complejidad de las sociedades contemporáneas y del papel que juega en su cohesión y persistencia, la comunicación.

El enfoque de comunicación política es el marco de referencia, que bien aplicado puede darle perspectiva estratégica a la comunicación gubernamental. Entre los aspectos básicos de la comunicación política que hay que tener en cuenta, destacan los siguientes:

1.- La comunicación política no se reduce al marketing, al control informativo ni a la compra de espacios mediáticos. Implica nuevos marcos de referencia, formatos y argumentos para el discurso político.

2.- La comunicación política no se agota en la agenda personal de la autoridad. Implica una perspectiva sistémica en la que se consideran variables institucionales, actitudes y procesos.

3.- La comunicación política no es una carrera desaforada contra el tiempo y contra los adversarios políticos para ganar la aceptación de la opinión pública. Tampoco es un asunto de dinero y de control informativo.

4.- La comunicación política es sobre todo, disputa simbólica, batalla cultural, persuasión, establecimiento de vínculos, referencias identitarias, generación de legitimidad y capital social.

Sin comunicación no habría sociedad, no por lo menos, tal y como la conocemos en sus formas complejas y flexibles, que al mismo permiten la coexistencia de las expresiones más tradicionales de la vida, con las formas más avanzadas de la tecnología.
La democracia ha traído consigo nuevas formas de relación social, donde los viejos referentes y actores sociales y políticos, adquieren nuevos y polivalentes rostros y perfiles, que en el pasado no existían, dada la rigidez de las formas de la comunicación tradicional. El futuro en este campo nos alcanzó.

Nuestra capacidad de comprender los inéditos cursos de acción que adquiere la comunicación es más lenta que el desarrollo de los procesos y los medios a través de los cuales se expresa.
El enfoque de comunicación política es el adecuado para el diseño de la política de comunicación gubernamental. La comunicación política constituye una esfera compleja en la que se despliegan batallas incesantes de carácter simbólico. Implica el reconocimiento de los interlocutores, de las arenas y escenarios, así como de los medios que se ponen en juego.

La audiencia debe leerse en plural y las relaciones que con ella se establezcan deben alentarse bajo reglas democráticas. Detrás de las audiencias hay ciudadanos que disponen de libertades y derechos que deben ser respetados. Entre ellos es importante destacar a la libertad de información y el correlativo derecho a la información.
Las batallas simbólicas que se libran bajo la comunicación política como praxis, no implican la liquidación o exclusión, ni de los adversarios ni de las audiencias y ciudadanos críticos. Se trata de un proceso complejo que debe ocurrir en el marco del sistema democrático.
La comunicación política tiene como objetivo fundamental la búsqueda de la legitimidad desde la legalidad. Se trata de crear condiciones de aceptación de las acciones y decisiones de los gobernantes, no de ganar plebiscitos cotidianos.

Las autoridades y las instituciones públicas no necesitan posicionarse frente a competidores privados o adversarios políticos, ya que lo más importante es la aceptación y restauración de la confianza en la gestión y en el poder público.
La comunicación gubernamental no puede transigir en el carácter público que debe caracterizarla, y por lo tanto debe ir al encuentro de su condición de política pública. Debe someterse al escrutinio público y en la medida de lo posible, debe atender las demandas de participación y de ensanchamiento de los espacios de expresión, que el público y los ciudadanos necesitan y reclaman.

La comunicación gubernamental no puede pretender sustituir al espacio público, se nutre de el, está atento a sus flujos y voces diversas, pero debe evitar colonizarlo con información y posiciones rígidas. La comunicación gubernamental debe contribuir a que el flujo de información, que ya de por sí es denso, se enriquezca con la perspectiva que proviene de la sociedad.
La comunicación gubernamental debe tener un enfoque muy claro respecto del papel de los medios audiovisuales y no puede subordinarse a sus intereses. En ese punto, el Estado no puede transigir de su papel de creador de las reglas del juego, especialmente en éste ámbito tan importante.

Las relaciones con el conglomerado mediático deben ceñirse a la legalidad, pero deben responder a los parámetros de las sociedades democráticas.
Diseñar e implementar una política de comunicación gubernamental es un asunto fundamental de la gobernabilidad democrática. Nada más y nada menos.


Juan Francisco Escobedo Martínez realizó sus estudios de Licenciatura en Derecho en la Universidad Autónoma Metropolitana. Posteriormente cursó el doctorado en Ciencia Política y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. Además es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
Sus campos de especialización e investigación son: Diseño institucional, Cambio democrático, Comunicación política, Parlamentarismo, Gobernabilidad, Cambio social, Globalización y Modernidad reflexiva. Su último libro publicado es México: poliarquía en construcción, Universidad Iberoamericana.