Conociendo a...

Fernando Cámara Barbachano

Huella indeleble en la historia de México

Yair Rodríguez González
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En 1919 el mundo fue testigo de uno de los fenómenos más espectaculares de la naturaleza, un eclipse anular de sol, evento que ayudó al físico alemán Albert Einstein a comprobar la teoría de la relatividad. En México, la leyenda de Emiliano Zapata, el caudillo del sur empezaba a escribirse en la memoria popular. Asimismo, en este año el Estado de Morelos conmemoró su 50 aniversario de haberse constituido como una Entidad libre y soberana, mientras que la tierra de la blanca Mérida en Yucatán daba cobijo a un nuevo mexicano futuro prócer de la patria, Fernando Cámara Barbachano.

Nacido el 17 de abril de 1919, este yucateco creció preocupado por las condiciones sociales y de discriminación que padecían los pueblos indígenas que se veían abatidos ante las marcadas diferencias entre las clases sociales de su ciudad natal. Motivado por esto, a los 19 años surge en él un interés profundo por el estudio de las sociedades contemporáneas que lo llevó a convertirse en etnólogo y antropólogo social; un estudioso de los seres humanos, los pueblos y sus culturas.

Cámara Barbachano formó parte de la segunda generación de estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) de la que egresó en 1940. Posteriormente cursó los postgrados en Antropología en la Universidad de Chicago, Estados Unidos en 1949 y en Sociología Rural en la Universidad de la HImagen activaabana, Cuba en 1957.
A mediados de la década de los 50, fundó la especialidad de Antropología Social en la ENAH, la cual se convirtió en un semillero de especialistas en antropología aplicada. Con este importante logro, estableció además las bases conceptuales, técnicas y éticas sobre las que hoy se desarrolla esta disciplina en México y gran parte de Latinoamérica. Fue fundador y director del Instituto Yucateco de Antropología, curador de las salas de etnografía del Museo Nacional de Antropología y jefe de etnografía del mismo museo.
En el ámbito internacional desarrolló investigaciones en Ecuador, Perú, Puerto Rico y Estados Unidos. Su obra quedó plasmada en 81 publicaciones, más de 100 ponencias, 50 asesorías y 400 conferencias, 53 de las cuales impartió en diversas universidades norteamericanas como las de Nueva York, Wisconsin, Michigan y California, así como en las de República Dominicana, Panamá, Barcelona y Sevilla, estas dos últimas en España.

Durante sus primeros trabajos de campo en los Altos de Chiapas, Cámara Barbachano se concentró en uno de los principales temas de su producción académica relativa a la interacción entre las sociedades urbana y rural, así como en sus mecanismos de coexistencia. En este sentido, identificó una relación entre dos fuerzas enfrentadas dentro de la dinámica propia de las comunidades, sociedades centrípetas y centrífugas. Dicho de otra manera, las primeras, relativas a la preocupación de sus pobladores por la permanencia de su comunidad, mientras que las segundas ceden ante la influencia del mundo exterior.
“El trabajo de campo es absolutamente necesario, es el fundamento del conocimiento, sin él no hay etnografía ni antropología social”, afirmó Cámara Barbachano durante una entrevista concedida a principios de los 90. Para este notable investigador, el contacto directo con las etnias fue la mayor fuente de experiencia, misma que a lo largo de su vida transmitió a varias generaciones.

En el 2001, Fernando Cámara Barbachano fue homenajeado por parte de la comunidad académica del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en una emotiva ceremonia que tuvo lugar en el Museo Nacional de Antropología, con motivo de sus 60 años de servicio en el INAH y cuyo fruto fue la edición de la obra “Antropología e historia mexicana”, en la que se reunieron más de 50 artículos sobre su vida y obra.

Este gran hombre murió a los 88 años de edad el 30 de diciembre de 2007, pero dejó un incomparable legado como académico, promotor cultural y museólogo. Fue investigador emérito del INAH con labores ininterrumpidas durante 65 años, distinguiéndose por su papel en la difusión de la multiplicidad cultural con rigor científico desde un enfoque innovador.
Sin duda las aportaciones de este célebre yucateco son testimonio de la indeclinable fuerza de su alma científica y de una devota vocación por la enseñanza que ha dado frutos y los seguirá dando dentro de la antropología y la historia de México.