Conociendo a...


Mario Molina Henríquez Premio Nobel de Química 1995

Iluminado e idealista de esta época, gigante de la solidaridad y talento, cuyas alas sobrepasaron las fronteras.


A lo largo de los últimos 20 años, México ha logrado tres Premios Nobel. El primero fue el de la Paz, concedido en 1982 al embajador Alfonso García Robles por sus múltiples gestiones diplomáticas en organismos internacionales en torno al desarme nuclear; en 1990, México celebraba el otorgamiento del Nóbel de Literatura al poeta Octavio Paz por su obra "apasionada, abierta sobre los vastos horizontes, impregnada de sensual inteligencia y de humanismo íntegro" y en 1995, el otorgamiento del Nobel de Química a Mario Molina Henríquez, quien lo compartió con otros dos científicos, convirtiendo al químico en el primer mexicano y segundo hispanoamericano en ganar el galardón.

El Dr. Mario Molina Henríquez, nació en la Ciudad de México en 1943, hijo de Roberto Molina Pasquel y Leonor Henríquez, cursó la primaria y la secundaria en la ciudad que lo vio crecer. Desde muy joven mostró su fascinación por las ciencias, situación que lo motivó a iniciar sus estudios de Ingeniería en 1960 en la UNAM. En 1972 concluyó sus estudios de doctorado de físico-química. Permaneció un año más en Berkeley para continuar la investigación sobre dinámica química. A finales de 1973, se unió al grupo del profesor F. Sherwood (Sherry) Rowland como compañero postdoctoral junto al holandés Paul Crutzen, con quiénes obtuvo el premio nobel de Química 1995 por haber advertido al mundo sobre el adelgazamiento de la delgada capa de ozono “talón de Aquiles de la Biosfera”, que rodea la tierra y evita que lleguen a su superficie los dañinos rayos ultravioleta (UV) del Sol.

Por primera vez en la historia, la academia sueca concede un premio Nobel por la investigación en el impacto de objetos artificiales sobre el ambiente. Los descubrimientos condujeron a un tratado ambiental internacional, que a partir de 1995, prohíbe la creación de los productos químicos industriales que reducen la capa de ozono.

En 1989 regresó a la vida académica, trasladándose al Instituto de Tecnología de Massachusetts, en donde continua con la investigación sobre ediciones atmosféricas globales de la química.
Siento que este premio Nobel representa un reconocimiento para el excelente trabajo que ha sido hecho por mis colegas y los amigos en la comunidad atmosférica de la química en el agotamiento estratosférico del ozono”.- Roberto Molina Henríquez
Es mexicano y tiene más de 20 años radicando en los Estados Unidos de Norteamérica

Molina, Rowland, y Crutzen demostraron que el uso de artículos comunes como las latas de aereosol y los acondicionadores de aire pueden dañar la capa de ozono.