Revista de Divulgación Científico-Tecnológica del Gobierno del Estado de Morelos

La civilización visual: imagen y racionalidad.


Dr. Juan Cristóbal Cruz Revueltas

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Facultad de Filosofía de la UAEM


El ex-presidente de los Estados Unidos y premio Nobel de la paz, Al Gore, tiene razón cuando se inquieta sobre la cada vez mayor preeminencia, en el debate público de la democracia contemporánea, de la retórica visual sobre la lógica y la razón . En realidad, Al Gore no hace sino sumarse a una muy difundida condena entre los científicos sociales que, como Giovanni Sartori , piensan que la progresiva sustitución de la cultura escrita por la visual, implica pasar de una loable democracia reflexiva a una cuestionable democracia de la emoción. La crítica es pertinente y justificada si pensamos en los medios masivos de comunicación actual y en sus efectos negativos sobre la calidad de la discusión política. Pero esta misma crítica es muy preocupante y sumamente cuestionable si ella se eleva a una crítica y rechazo generalizada de las imágenes. Peor aún, si se califica a la imagen, sin más, como una forma de irracionalidad. Sobre todo cuando esto puede implicar calificar como irracional a nuestra presente civilización que bien se puede caracterizan por ser una civilización de la imagen.

A pesar de su actualidad, no es una actitud reciente el considerar a la imagen como algo opuesto a la razón, todo lo contrario. La sospecha en contra de la imagen surge desde los inicios de la filosofía, en particular en la obra de Platón (siglo IV AC). La critica de Platón en contra de la imagen es al mismo tiempo violenta y ambigua. Violenta porque ataca a los pintores primero por dedicarse a la forma de ‘conocimiento’ “más alejada de la Verdad” y luego los denuncia, llanamente, por ser falsos amantes del saber y verdaderos maestros de la ilusión. De acuerdo al filósofo, los pintores antes que ofrecernos la realidad de la cosa, se contentan, por error o por engaño, con su apariencia. Sin embargo, la crítica platónica es ambigua porque, en realidad, Platón ataca la imagen sensible en aras de otra imagen: la inteligible. Su teoría del conocimiento sigue siendo griega, es decir, visual. Pero el conocimiento, según el fundador de la Academia, consiste en un abandonar la vista de las cosas sensibles para elevarse, gracias al ojo interno del alma, a la contemplación de las ideas. Este desprecio de la imagen, reforzado por las tendencia iconoclastas del judaísmo y del cristianismo, ha sido y sigue siendo muy influyente en la historia del pensamiento Occidental.

Afortunadamente en Occidente también ha existido, al menos desde Aristóteles, una fuerte tradición a favor de las imágenes, en particular una cuyo objetivo ha sido el de “la representación plausible de la naturaleza” . Como lo señala el gran historiador de arte y psicólogo de la percepción, Ernst Gombrich, el desarrollo de la pintura griega y renacentista se distingue por su estrecho vinculo con la ciencia. No se sabe mucho de la cultura pictórica en el mundo griego, pero es probable que haya alcanzado un alto nivel (con pintores como Zeuxis). En cuanto a la antigua cultura romana, no se puede olvidar que tenemos la fortuna de poder contemplar los frescos de Pompeya que hacen patente una sorprendente capacidad de innovación, como lo muestra la gran variedad de estilos y técnicas de sus frescos. En el Renacimiento, basta recordar que con Alberti y Leonardo da Vinci el desarrollo de la pintura y el nacimiento de la ciencia van de par. Sin duda, los grandes momentos del desarrollo de la conocimiento han sido también épocas de un gran desarrollo de medios visuales.

Ahora bien, ¿qué es la imagen? Es notorio que es una noción muy amplia. Cuando se habla de imagen podemos referirnos a imagen material, mental, literal o esquematizada, única o reproducible ilimitadamente, numérica o analógica, pictórica o lingüística…Quizás la definición más adecuada es que ella es copia, imitación, reproducción de algo que no está presente en ella misma. Por otra parte y puesto que la imagen suele ser más que una imagen y depende de un “ver como” , ella puede corresponder a tres tipos distintos de signo propuestos por el filósofo americano C. S. Pierce: icono, cuando mantiene una relación de similitud con lo que representa (un retrato de Zapata); índice, si existe una relación de continuidad física con lo que representa (una huella); y finalmente, símbolo, cuando la relación entre lo que representa es arbitraria (como puede serlo para la Iglesia que un pez represente a Cristo).

En cuanto a su relación al conocimiento, es necesario recordar —en particular en contra de quienes defienden la intuición y creen que la imagen es un obstáculo al conocimiento— que el paso de lo concreto a lo abstracto, requiere muchas veces de la mediación de las imágenes, a manera de generalizaciones progresivas. En efecto, la imagen, incluso para Platón, es una mediación entre lo real y el pensamiento, entre lo sensible y lo inteligible. Pero ella es más que una simple mediación, la imagen participa también y tiene efectos en nuestra forma de entender el mundo. Sin duda, el actual avance de las neurociencias se ve fuertemente favorecido por las nuevas técnicas de visualización de la actividad cerebral. Lo mismo se puede decir de la ciencia en general, debido a que se apoya en diversas tipos de imagen: esquemas, diagramas… No sólo los conocimientos vinculados estrechamente a la percepción (la psicología) o a lo gráfico ( como la geografía) requieren echar mano de las imágenes, también las ciencias “duras” como las matemáticas (con su uso de las gráficas). Ni siquiera las ciencias humanas se pueden concebir sin el apoyo de material visual, basta pensar en la antropología, la etnología, la sociología (sobre todo cuando se interesan a formas de comunicación no verbal). Otro tanto se puede decir de las prácticas como la arquitectura, el urbanismo y el paisajismo (con planos y con las nuevas técnicas de visualización que ofrece la computación); o de las actividades de tipo estratégico, de la guerra al deporte; todas requieren de soportes visuales.

La imagen ofrece una condensación sintética de la realidad, da orden a la percepción, le confiere unidad y coherencia y su uso significa una enorme economía de recursos (el mapa no requiere ser del tamaño del terreno que representa). Pero sobre todo, tanto por al hiato que crea entre lo real y su representación, como por su capacidad a ofrecernos un punto de vista inédito, la imagen permite una distancia crítica y permite que surjan nuevas significaciones: luego de la primera imagen tomada desde el espacio, nuestra concepción del planeta Tierra ni la de nuestro universo son las mismas que eran antes.

 


Juan Cristóbal Cruz Revueltas es licenciado en derecho (ITAM), con maestría y doctorado en filosofía política (La Sorbona, París 1). También realizó estudio de maestría en sociología en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, Francia, en donde siguió, entre otros, los cursos de Cornelius Castoriados y tuvo la oportunidad de participar y organizar el seminario restringido de Jacques Derrida.
Ha sido investigador invitado al grupo de estudios de sociología (GEMAS), Francia. Actualmente es profesor-investigador del departamento de filosofía de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, coordinador del posgrado de filosofía contemporánea y miembro del Sistema Nacional de Investigadores desde 1996.

Además de numerosos artículos en revistas universitarias mexicanas y extranjeras, ha sido columnista del periódico El Universal y ha publicado en la sección Enfoques del periódico Reforma, entre sus últimas obras se pueden mencionar: Teorías de la conspiración (editor), publicaciones Cruz O. S. A., México, 2006; “Philosophy as a problem in Latin America” en Havi, Carel, WhatPhilosophy is,Continuum Book, Londres Inglaterra, 2004;Juan Cristóbal Cruz.