¿De qué estamos hechos?

Al contemplarnos podríamos decir que estamos formados por cabello, piel, huesos, así como por varios sistemas (circulatorio, endócrino, respiratorio, etc.), responsables del funcionamiento de nuestro cuerpo. A simple vista parece muy fácil, pero si tomáramos una lupa y nos adentráramos un poco más, observaríamos que están formados por órganos y tejidos, y estos a su vez, se encuentran conformados por millones de células que contienen organelos y un núcleo.
Al seguir profundizando en este último llegaríamos a un nivel microscópico, el ADN, que contiene la información genética heredable de todos los seres vivos (humanos, animales, plantas, hongos y bacterias) y este a su vez está conformado por cuatros bases, Adenina (A), Timina (T), Guanina (G) y Citosina (C). Este alfabeto, además de reducido, es caprichoso, porque A sólo se combina con T, y C sólo con G. Este abecedario de cuatro letras forma una larga cadena de nucleótidos, la cual contiene las instrucciones genéticas para el funcionamiento de los distintos organismos.
Hasta este momento sabemos que estamos formados por nucleótidos (A, T, G, C), tenemos el conjunto de instrucciones para hacer un ser, como los planos de un arquitecto para hacer un edificio. Esto se sabe gracias a métodos y técnicas de investigación que se han desarrollado, entre ellas la técnica de secuenciación de ADN; gracias a ella sabemos cuál es el orden de los nucleótidos, utilizando el método de Sanger que consiste en separar por tamaño cada una de estas bases.

La técnica consiste en los siguientes pasos:

1) Obtener el ADN del organismo (bacterias, hongos, animales, humanos, etc.). 2) Generar millones de copias gracias a una herramienta conocida como PCR; marcadas con colores (A se tiñe de color verde, G de rojo, C de azul y T de amarillo). 3) Analizar cada una de las muestras en el secuenciador de ADN, donde ocurre la separación de fragmentos de distintos tamaños y por medio de un láser, permite identificar cada uno de los nucleótidos que contiene la secuencia, dando como resultado el ordenamiento exacto de las bases de las secuencias. En la actualidad estos secuenciadores permiten analizar 192 muestras en un término de 20 horas y el tamaño de las secuencias que analizan es de aproximadamente mil pares de bases.
Hasta la fecha esta técnica ha sido de gran utilidad para el avance de la investigación científica tanto de plantas, hongos, bacterias, así como también para diagnósticos clínicos de humanos y algunos animales. Al secuenciar distintas bacterias se han logrado conocer los mecanismos necesarios para la realización de tratamientos contra distintas enfermedades. También es utilizada por la medicina forense para identificar a una persona, e incluso para la realización de análisis de paternidad. Sonando más futuristas podríamos predecir el riesgo de padecer ciertas enfermedades y algunas malformaciones genéticas. Con la finalidad de entender el funcionamiento de cada uno, se ha ido desarrollando gran cantidad de métodos y técnicas para ayudar al humano a entender este mundo en el que habitamos.


 

ºBiól. Ana Yanci Alarcón González / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México, campus Morelos.