Revista de Divulgación Científico-Tecnológica del Gobierno del Estado de Morelos

El amor en los tiempos de la revolución

Archivo: Historia

Ing. Miguel Palma Vargas / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Consejo de Cronistas de Cuernavaca

“Como a las once se embarca Lupita,
se va a embarcar en un buque de vapor,
y yo quisiera formarle un chubasco,
y detenerle su navegación”
Manuel Esperón

Revolución, soldaderas y amor.

El amor existe en todos lados, pero es en tiempos de crisis cuando se pone a prueba este sentimiento. En la revolución las Adelitas seguían a su Juan por todos lados, sin saber del feminismo ya se sentían parte de “la bola” y participaban activamente en la lucha, se hicieron indispensables en el fragor de la balacera, ya que cargaban con los hijos, los protegían, buscaban donde pasar la noche, se preocupaban por buscar alimentos y cuando el soldado moría, esta Adelita se cortaba el cabello, agarraba la carabina del difunto, montaba su caballo y seguía luchando a la par de los hombres. Su bravura ha inspirado canciones, películas y un sin fin de mitos, ahora los americanos le llamarían “empowerment”. Varios estudiosos nos dicen que la primera adelita fue la valiente enfermera de origen morelense, Adela Velarde Pérez.
En nuestro Estado sobran ejemplos de estas mujeres, pero mencionaré solo una, por todos nombrada “La Coronela”, me refiero a Rosa Bobadilla viuda de Casas.

¡ A sus órdenes mi coronela !

Rosa nació con aroma a revolución en el estado de México en 1877, pero su lucha revolucionaria sucedió en Morelos. Fue parida el mismo año que Porfirio Díaz era elegido presidente, primera de muchas veces. Creció con la diferencia de clases, viendo a los campesinos padecer en las tiendas de raya, siendo tratados como esclavos, eso la motiva para levantarse en armas en las polvaredas del merito Yautepec para seguir a su esposo, el coronel Severiano Casas, como toda valerosa adelita. Pero queda viuda apenas iniciada la revuelta en 1910, poco le aguantó el compadre ese. Mi general Emiliano Zapata, al ver la bravura de esta hembra le da el nombramiento de coronela y le ruega que tome el lugar del difunto, ella no lo piensa dos veces, y así, Rosa queda al mando de 200 pelados. Siguió peleando, retoma la lucha en el cerro del pericón, es decir, Yautepec, poblado conocido por formar parte de la letra de la canción que es como nuestro segundo himno estatal, “De Morelos es la chata”. Rosa además se lleva a sus dos hijos que a fuerzas la tuvieron que seguir, no les quedó de otra. Uno de ellos, José María, muere en 1914, pero mi coronela no se dobla, después viene el deceso en plena batalla contra los invasores gringos, de su otro hijo, Alfonso, pero Rosa tampoco se me quiebra. Además no estaba sola, una palabra suya junto con su carabina 30-30, bastarían para mover a 200 fieles y huarachudos revolucionarios. Rosa nunca se rajó y hasta donde yo se, tampoco se volvió a casar, yo creo que después de esas apocalípticas vivencias nada le asustaba ni le movía el “petate del muerto”. Ya más tranquila pero jamás inerte, realizó actividades de apoyo para el sector femenil de la Liga de las comunidades agrarias. Sin miedo, con ese afán de justicia que la volvían notable, además del carácter fuerte que también le ayudaba. Siempre llevó con orgullo su carabina, el vestido de percal, icono de las adelitas y el sombrero charro. Las cananas no podían faltar. Pues así, ¿quién fregados le iba a faltar el respeto? En cualquier celebración pública soltaba tiros al aire nomás por puro gusto.



En 1916 el general Zapata le entregó un predio que estuvo localizado entre las Calles de Guerrero y Gómez Farias, cerca de la barranca de Amanalco. Ella se propone ayudar a las viudas de la revolución y les da techo y comida, poco a poco, la vecindad de “La Coronela” se convierte en refugio para más de 60 Familias nada distinguidas pero decentes. Fuete en mano y carabina al hombro, ponía orden y respeto cuando era necesario. Muere en 1960 y es sepultada en el panteón de Acapantzingo. En su lápida podemos ver el cariño de su tropa civil.

"Madrecita, prestaste grandes servicios a la Patria,
Descanse en paz al lado de Dios y de los Héroes"


Morelos revolucionario.

“El amor en la Revolución del Sur”*, es una investigación de la conocida investigadora y locutora de radio Elsa Castoreña Castro, contiene dos discos compactos con recreaciones radiofónicas sobre el tema del amor durante esta lucha, en nuestras tierras morelenses. Su autora obtuvo el apoyo CONACULTA-Culturas Populares para llevar a buen fin este proyecto y ofrecernos 20 títulos, iniciando por supuesto con los amores del general Emiliano Zapata y hurgando en la vida de Josefa Espejo Sánchez, única esposa oficial del caudillo, para deleitarnos con la realidad mezclada con los mitos y leyendas. Testimonios de quienes la conocieron y supieron que al final de su vida, doña Josefa no buscó pensión alguna por parte del gobierno y de acuerdo a las leyendas, murió pobre, sola pero no olvidada. Pese a su hermetismo siempre fue un icono de las valientes adelitas.
“El amor en la revolución del sur”, Recreaciones radiofónicas. 2 Discos compactos. Premio CONACULTA 2006.



Miguel Palma Vargas es ingeniero industrial, egresado de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Cuenta con una especialidad en Tecnología de la Información y graduado en alta dirección empresarial en el IPADE. Asimismo es miembro fundador del Consejo de Cronistas de Cuernavaca y pertenece al Seminario de Cultura Mexicana y autor de varios libros sobre informática, tecnología y cultura. Recibió el Premio CONACULTA por su investigación sobre la influencia británica en México.