Moda y cultura en el reino animal

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Seguramente al mirar fotos de cuando nuestros padres eran jóvenes nos resulta muy raro ver cómo se vestían o los peinados que usaban. Esto es lo que pasa con las modas: aquello que en su momento se lucía con orgullo, tiempo después nos parece extraño y hasta vergonzoso. Pero por más trivial que parezca, la creación y transmisión de nuevas tendencias ha permitido al ser humano dominar una enorme cantidad de nichos, gracias a que cada nueva generación puede beneficiarse de las experiencias y el conocimiento de la anterior.

De esta manera, es posible acumular información gradualmente para desarrollar y perfeccionar herramientas, creencias y prácticas muy complejas como para que un sólo individuo las pudiera inventar al paso de su vida.

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Figura 1. Los monos capuchinos de Costa Rica se pican los ojos en una especie de ritual.

Podríamos pensar que somos la única especie con estas características, sin embargo, se ha observado que las tendencias juegan un papel primordial en la vida social de diversas especies. Es así como se han descrito conductas tan extrañas como la de los monos capuchinos de Costa Rica (figura 1), los cuales tienen la costumbre de pincharse los ojos entre ellos, un comportamiento que se originó dentro de un pequeño grupo de individuos y que se ha extendido con el tiempo.

Otro ejemplo clásico es el del grupo de macacos de la isla de Koshima (figura 2). Los primatólogos japoneses comenzaron a alimentarlos esparciendo camotes en la playa. Una joven hembra llamada Imo fue observada lavando los camotes en un arroyo cercano, removiendo así la arena antes de comerlos. Con el paso del tiempo, esta conducta se extendió por su grupo y se puso «de moda». Tiempo después, los macacos comenzaron a hacer el lavado en el agua de mar, obteniendo así un mejor sabor. La nueva tendencia desplazó a la anterior y fue adoptada por los miembros del grupo, persistiendo por generaciones. Esta fue la primera observación de una especie no humana con un comportamiento que cumplía con tres de los requisitos para ser considerado «cultura»: emergencia, propagación y modificación.

Ejemplos como estos han hecho a los investigadores replantearse en múltiples ocasiones la definición de conceptos que se consideraban exclusivamente humanos, como la cultura. La mayoría está de acuerdo en que ésta implica un aprendizaje social y la transmisión colectiva de uno o más comportamientos entre un grupo, que pasan de una generación a la siguiente, por lo que de acuerdo a esta definición es posible encontrar múltiples casos de cultura en el reino animal, como los pájaros que aprenden su canción por imitación, chimpancés que aprenden a usar herramientas y métodos diversos para romper nueces, cetáceos que imitan estrategias de caza y llamadas de apareamiento.

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Figura 2. Los macacos japoneses de la isla de Koshima son un ejemplo clásico de cultura animal.

Este tipo de transmisión cultural permite a las especies aprender nuevos comportamientos en muy poco tiempo a comparación de lo que tardaría el mismo comportamiento en expandirse mediante transmisión genética, por lo que se trata de un proceso adaptativo que acumula soluciones parciales a problemas encontrados frecuentemente en su nicho ecológico. Es así que cada cultura es especie-específica, de manera análoga a lo que sería comparar el sistema digestivo entre monos y humanos. De ahí que las modas humanas no son iguales a las del chimpancé y a su vez éstas no son iguales a las modas del macaco japonés, pues cada una se encuentra adaptada dentro de su propio contexto específico.

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Los investigadores se han encontrado con diversas dificultades metodológicas al estudiar los procesos culturales en otras especies, pues los animales se comportan muy diferente al ser observados en cautiverio que en su hábitat natural, además, algunos son extremadamente difíciles de estudiar en su contexto natural, especialmente si viajan mucho más rápido que nosotros, como las aves. Aún así, el estudio de la cultura animal se ha convertido en un área de creciente interés, donde cada vez existe más evidencia que apunta a que muchas de las diferencias que tenemos con otras especies son más de grado que de clase.


Biól. Jaime Huidobro Dávila / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Centro de Investigación en Ciencias Cognitivas, Universidad Autónoma de Morelos.