Los de trompa alargada


La mayoría de nosotros hemos visto elefantes vivos y cautivos en algún zoológico o en un circo, sabemos que vienen de África o Asia, en el mejor de los casos los relacionamos con el mamut, que nos lo presentan sea como golosina o como personaje animado en una película. Poco se conoce que América fue un lugar donde habitaron, por millones de años, tres grandes grupos de proboscídeos, lejanamente relacionados con los actuales elefantes, y que sus restos han sido descubiertos gracias a la investigación paleontológica.
Los proboscídeos son los mamíferos que presentan una trompa alargada, cuyos únicos representantes actuales son los elefantes, con una distribución que se restringe a Asia y África y, con serios problemas de supervivencia debido a la presión de las actividades humanas. Sin embargo, este grupo estudiado mediante sus restos fósiles muestra que tuvo una evolución sorprendente, con una gran diversificación y ocupando prácticamente todos los continentes.
En el caso de América se ha documentado su presencia desde el Mioceno (cerca de 23 millones de años antes del presente), proveniente de migrantes de origen asiáticos. Pero, la mayor densidad de registros en cantidad y distribución geográfica se ubica en Plioceno (entre 2 y 5 millones de años antes del presente) y Pleistoceno (entre 10 mil años y 2 millones de años).
Para esa ventana de tiempo se conocen tres familias: los gonfoterios (Gomphotheriidae) que son los de mayor antigüedad y donde se conocen 8 géneros, varios de ellos con un origen americano y que se registran en toda la cronología antes dicha. En México se registran 4 de esos géneros: Gomphotherium, Rhynchotherium, Cuvieronius y Stegomastodon.
Estos dos últimos grupos presentan la distribución más amplia, ya que abarcaron todo el continente Americano y se extinguen hacia fines del Pleistoceno, lo que nos indica una dieta herbívora amplia y poblaciones grandes, que les permitieron sobrevivir en diferentes condiciones ambientales.

Para el Pleistoceno se adiciona la presencia de dos familias, debido a migraciones o por procesos evolutivos locales: los mastodontes (Mammutidae) y los mamuts (Elephantidae), de ambas su distribución abarca desde el Norte de América y hasta el centro-sur de México, que fue su principal límite de distribución continental, sin embargo, en el caso de los mamuts se cuenta con registros aislados en Centroamérica, que nos sugiere cambios ambientales que posibilitaron su sobrevivencia, en esas latitudes.
En México, algunos restos de estos animales se han encontrado asociados a contextos con presencia humana de fines del Pleistoceno tardío, pero ninguno de ellos sugiere un uso intensivo y, al menos, considerar a los humanos como el factor central de la extinción de estos organismos, sigue siendo controversial. Los pueblos prehispánicos conocían los restos fósiles y los atribuían a huesos de gigantes que denominaban quinametzin. Curiosamente, los conquistadores españoles consideraban lo mismo, ya que era una creencia extendida en Europa, conocida como gigantismo. Sin embargo, las expediciones científicas españolas del siglo XVIII, colectaron huesos y los identificaron como elefantes extintos, algunos de ellos fueron expuestos en el primer Gabinete de Historia Natural de la Nueva España, fundado en 1790. En el siglo XIX una intensa colaboración entre los naturalistas mexicanos y sus colegas en Estados Unidos y Europa incrementaron el registro y el conocimiento sistemático y evolutivo de los proboscídeos.
A mediados del siglo XX, con el interés del INAH por explorar las condiciones ambientales de los primeros pobladores se estableció una unidad donde se registran e investigan los restos de fauna, principalmente del Plioceno y Pleistoceno, a la fecha se cuenta con la base de datos más completa por el número de localidades, así como la colección científica más importante sobre este tema, que forma parte de las labores de investigación, conservación y difusión que la legislación le atribuye a la institución respecto al patrimonio paleontológico.

RESTOS DE MAMUT EN MORELOS

El estado de Morelos, a pesar de su cercanía con la Ciudad de México, era un territorio muy poco explorado en este terreno, desde mediados de los 90 inició el registro más sistemático y a la fecha en el INAH Morelos se cuenta con el proyecto “Estudios paleoebiológicos de vertebrados de Morelos y la Cuenca del Balsas” que cuenta con un pequeño laboratorio y con una colección científica de orden regional, asociada a la colección nacional. Esto ha permitido, en estrecha colaboración con las autoridades estatales, municipales y locales, así como con los pobladores de las localidades, el registro de más de 30 localidades con restos de fauna en diferentes temporalidades, que es una muestra de la biodiversidad que existió en la región.

Tabla 1

En el caso de los proboscídeos extintos, desafortunadamente, no todos se han identificado plenamente, debido a que los restos hallados están muy fragmentados, y no presentan rasgos diagnósticos, por lo que los niveles de identificación van del orden hasta género y especie (Tabla 1). Se cuenta con 9 localidades confirmadas, que se distribuyen en 8 municipios de la entidad, donde se encuentran tres de los cuatro proboscídeos registrados para el Pleistoceno tardío de México.

Mammuthus columbi (Fig. 1)

 

Cuvieronius sp. (Fig. 2)

El estado de Morelos se encuentra en la frontera de las dos principales regiones biogeográficas de América: tanto la Neártica que comprende tierras altas y templadas, ubicadas hacia al norte y dominadas por bosques de pino-encino, como el Neotrópico, con tierras bajas situada al centro y sur de Morelos y dominado por la vegetación tropical. Estas características y también grandes cambios en la altitud, son el escenario de una gran diversidad faunística y ambiental, que presenta transformaciones en el tiempo. Los registros de estos proboscídeos nos dan ciertas pistas sobre ello. Los gonfoterios son congruentes con el registro neotropical, lo que nos sugiere que es un área de mucha estabilidad a pesar de los cambios climáticos. En cambio, los mastodontes se asocian a vegetaciones abiertas en la zona Neártica, pero en Morelos se ubica en una zona neotropical alterada en tiempos recientes. Algo similar, sucede con los mamuts, ya que se hallan en regiones dominados ahora por matorrales, cuando se ha establecido que sus áreas preferidas comprendían llanuras, pastos y zonas de inundación. Es decir, nos indican que hay cambios radicales en el ambiente, al menos en los últimos 30 mil años, mismos que deben ser detallados en futuros estudios. Los registros de proboscídeos en Morelos, y en general los del sur del país nos plantean también varias interrogantes sobre la capacidad migratoria de este grupo y su asociación con corredores tanto de vegetación como de humedales. Sin embargo, se debe resaltar que sólo en la medida que exista una amplia cooperación de los pobladores, de las autoridades en todos los niveles de gobierno y de los investigadores es como el registro paleontológico se puede ampliar y darnos más respuestas e ideas sobre la gran biodiversidad que ha existido

Mammut americanum (Fig.3)


 

ºDr. Eduardo Corona- M. / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla..
ºImagen: Sergio de la Rosa / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Instituto Nacional de Antropología e Historia-Delegación Morelos