Mayor esfuerzo laboral = Mayor calidad de vida


Dr. Arturo Juárez García

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Facultad de Psicología-Universidad Autónoma del Estado de Morelos

…María es una enfermera que como muchas otras mujeres, procura una vida feliz y decente. Sin embargo, todos los días su corazón se hace pedazos al afrontar la desesperada solicitud de su hijo de 5 años quien con el llanto más tierno ruega que no se vaya a trabajar. Con aparente éxito, logra superar ese trago amargo para luego enfilarse a tránsitos vehiculares que, con suerte, permiten que llegue a su trabajo después de una hora y media. Las nuevas políticas del hospital donde labora exigen el más alto nivel de competitividad y la más alta calidad de servicio. Ante ello, sus superiores han establecido sistemas estrictos de control y vigilancia de su desempeño. Cada vez le piden más resultados, en menos tiempo y con menos recursos. Su carga de trabajo es tan agobiante que ha dejado de comer en ocasiones o recurre a la comida “rápida”. Además, las imposiciones de los supervisores y los favoritismos han provocado fricciones con ellos, competencia con sus compañeras y un clima complicado en la Institución. Desafortunadamente no encuentra opciones de crecimiento en su trabajo, pero se conforma con no perderlo al saber lo que ha sucedido con otras compañeras. Su trabajo es difícil, pues le exige tratar con pacientes moribundos y con familiares furibundos además de las nuevas Imagen activaresponsabilidades administrativas. Los bonos de productividad ofrecidos por laborar horas extras nos son algo que pueda decidir, pues sus gastos le exigen contraer jornadas de trabajo semanales que alcanzan hasta las 60 horas. Esto ha impactado su vida social: no frecuenta a sus amigos, no recuerda la última vez que fue al cine, ni cuando se divirtió sin pensar en el trabajo. Su hijo enferma cada vez más y las cosas con su pareja no pintan bien, pues sus ausencias son reprochadas. María está harta, cansada y deprimida, desafortunadamente le ha sido diagnosticada hipertensión y tiene una úlcera estomacal. Ha buscado ayuda, pero las recomendaciones siempre son: hacer ejercicio, una dieta saludable y pensar positivamente. Después de fracaso tras fracaso para seguir tales recomendaciones sus sentimientos de culpa la han llevado a caer en los niveles más bajos de autoestima y desesperanza...
Me permito ilustrar con esta historia la ineludible e íntima relación entre la calidad de vida, la salud, el desarrollo humano, la familia, y por supuesto, el trabajo. ¿Se tratará de una historia ficticia algo exagerada? o ¿es el caso real de millones de personas en nuestro país? Algunos datos podrán ayudar a resolver esta cuestión.

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el ámbito mundial y del Instituto Nacional de Geografía e Informática (INEGI) en el ámbito nacional en 2008, existe una creciente incorporación de la mujer a la población económicamente activa (del 33 al 35% en el último sexenio), así como de una “terciarización” del mercado laboral (60.84% de la población laboral total en el sector servicios). Es decir, hay cada vez más mujeres en cada vez más ocupaciones de servicio. En lo que refiere a las cargas de trabajo, un informe reciente de la OIT indica que una de cada 5 personas en el mundo trabaja un número excesivo de horas, y México se encuentra en el 9° lugar mundial (OIT, 2007). Asimismo, una encuesta realizada en México, encontró que la calidad de vida de los empleados empeoró de manera sistemática entre el 2002 y el 2006, y que los indicadores son inferiores a los encontrados incluso, en las mismas empresas pero ubicadas en otros países latinoamericanos (Great Place to Work Institute, 2006).

Imagen activaEn el rubro de salud las noticias tampoco son alentadoras, pues actualmente las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de morbilidad y mortalidad en el mundo industrializado y representan un problema significativo de salud pública. En México son causa del 27.7% de las muertes totales (SSA, 2004). La hipertensión, es una de las causas más directas de la enfermedad coronaria y el infarto agudo al miocardio, tiene una prevalencia de 30.8% en nuestro país (ENSA, 2006) y se ha reportado como la principal causa de consulta externa en el IMSS y la que genera mayor gasto en el presupuesto destinado a la salud en nuestro país (Villareal-Ríosy cols, 2003). Lo trascendente: nuevas evidencias apuntan a que trabajos demandantes con bajas recompensas y baja autonomía son causantes directos e indirectos de enfermedades cardiovasculares e hipertensión según decenas de estudios (Schnall y cols; 2004). Los problemas de salud mental muestran también una tendencia creciente, llegando a 4 millones de casos de depresión en un año (Aguayo, 2002). En una investigación realizada por Sanderson y Andrews, (2006), se encontró que los desórdenes de salud más frecuentes en la fuerza laboral son la depresión y ansiedad.

De esta forma, las referencias anteriores entre otras, parecen dar el testimonio de que algo no está saliendo bien. Son señales de un desajuste, del rompimiento de un equilibrio homeostático entre el ser humano y su entorno, que aunque no generalizables, son indicadores de una imperante necesidad por mejorar la calidad de vida de millones de trabajadores. Es claro que las exigencias de trabajo actuales han ignorado la dimensión psicosocial del ser humano. La pregunta entonces es ¿no supone este esfuerzo laboral extraordinario una mayor competitividad que debe traernos mayor calidad de vida? ¿Por qué negociar la salud y calidad de vida por una mayor productividad?, ¿cómo intervenir o prevenir esta problemática?.

A propósito de los enfoques de atención a estos aspectos, vale la pena decir que las prescripciones basadas en una epidemiología individual deben sustituirse por una epidemiología social, donde las acciones deben enfocarse a las fuentes del problema y no sólo a los síntomas y por ello la prevención primaria debe dirigirse al diseño de políticas, normas y principios que permitan una ocupación productiva que sea justamente remunerada ejercida en condiciones de libertad, equidad, seguridad y respeto a la dignidad humana que seguramente redundará en diferentes indicadores de salud y bienestar laboral, eso es lo que la OIT ha denominado Trabajo Decente (OIT, 2008).

Así el concepto de calidad de vida y trabajo, se encuentran estrechamente vinculados y sin menospreciar los efectos positivos del trabajo, existen áreas de oportunidad magnánimas que permitirán entender que la fórmula de la productividad, la eficiencia, la competitividad y el desempeño eficaz, deben incluir como prerrogativa la salud psicosocial del trabajador, su satisfacción y calidad de vida, pues no puede haber trabajador al máximo de su capacidad productiva si no es feliz, saludable y satisfecho con la vida.Imagen activa.


El Dr. Arturo Juárez García es Profesor Titular “A” de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Es miembro del Cuerpo Académico de Calidad de Vida. Presidente de la Red de Investigadores sobre Factores Psicosociales A.C. y miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel 1. Entre sus líneas de investigación destacan factores psicosociales de la salud y salidad de vida en el trabajo.