Revista de Divulgación Científico-Tecnológica del Gobierno del Estado de Morelos

Los plaguicidas ¿tóxicos reproductivos?


Dr. Julia Blanco Muñoz / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Instituto Nacional de Salud Pública (INSP)

Los plaguicidas agrupan un amplio espectro de compuestos utilizados para el control de plagas, con más de 600 ingredientes activos y un número aún mayor de marcas comerciales y que, de acuerdo a su uso se clasifican como insecticidas, herbicidas, fungicidas, rodenticidas, nematocidas y antibióticos.
          La exposición ambiental a plaguicidas se produce como consecuencia de la contaminación de aire, agua o alimentos por estos productos y, aunque la frecuencia de esta exposición es elevada, pues afecta a la mayoría de la población, los niveles de exposición alcanzados se estima que son relativamente bajos. Por el contrario, aunque la exposición ocupacional es menos frecuente, los niveles de exposición alcanzados en este tipo de exposición son considerablemente más elevados. Ente los colectivos con mayor exposición ocupacional se encuentran los empleados en fábricas que producen plaguicidas, los empleados en empresas dedicadas al control de plagas y los trabajadores agrícolas, que por su número, representan el grupo más importante en términos de magnitud.
        Los beneficios derivados del uso de plaguicidas, tanto en el incremento del rendimiento de las cosechas como en el control de enfermedades transmitidas por vector (por ejemplo, el paludismo o el dengue), las cuales se encuentran entre los problemas prioritarios de salud pública en países en desarrollo, son incuestionables, sin embargo, estos productos tienen un elevado potencial tóxico que paralelamente puede ocasionar tanto daños al medio ambiente (incluidos flora y fauna) y efectos adversos sobre la salud humana. El conocimiento sobre estos efectos es limitado ya que, aunque la toxicidad aguda de algunos plaguicidas de uso habitual, especialmente los insecticidas organofosforados y los carbamatos, que son potentes neurotóxicos, está bien caracterizada, quedan por dilucidar otros efectos que sobre la salud tienen los plaguicidas. Algunos estudios han mostrado evidencia de que la exposición crónica puede incrementar el riesgo de alteraciones neurológicas, de algunos tipos de cáncer, de alteraciones en el sistema inmune, de disrupción endocrina, ya que algunos de estos compuestos pueden mimetizar o competir con la acción de determinadas hormonas, y de daño reproductivo.
Desde que en 1983 se demostró que el dibromocloropropano, un producto empleado para combatir las plagas de gusanos, disminuye la fertilidad en hombres, se han multiplicado las investigaciones destinadas a evaluar el efecto de los plaguicidas sobre la reproducción humana; Entre los principales efectos encontrados se encuentran el retraso en la concepción, incremento en la frecuencia de abortos espontáneos, malformaciones congénitas, nacimiento prematuro y bajo peso al nacer.
         Los mecanismos por los que los plaguicidas pueden producir efectos sobre la concepción y la gestación son variados e involucran a tres actores: la madre, el padre y el producto de la concepción (embrión, feto, niño). Estos efectos pueden originarse desde antes del inicio del embarazo, por daño genético a las células germinales (espermatozoide y óvulo), ya que algunos de estos compuestos ocasionan mutaciones en dichas células, lo que puede disminuir la fertilidad o bien manifestarse en generaciones subsecuentes en forma de abortos espontáneos o defectos congénitos. Una vez iniciada la gestación la exposición de la madre a plaguicidas puede causar daños por acción directa sobre el embrión o el feto (teratogénesis), ya que la mayor parte de los plaguicidas atraviesan la barrera placentaria; la exposición durante los primeros tres meses de vida intrauterina es especialmente importante porque es un periodo de rápida diferenciación celular en el que tiene lugar la formación de los diferentes órganos, cuando son más vulnerables a la acción de los tóxicos. La formación de cada órgano o sistema se produce durante un periodo muy específico de la gestación, por ejemplo, el cierre del tubo neural, necesario para el desarrollo adecuado del sistema nervioso central, tiene lugar aproximadamente entre los días 14 y 28 de vida intrauterina, por lo que son las exposiciones en dicho periodo las que pueden estar involucradas en la génesis de un tipo de malformaciones congénitas denominadas “Defectos del Tubo Neural”. No obstante, aunque el primer trimestre del embarazo es el de mayor vulnerabilidad a los efectos de diferentes tóxicos, se pueden producir daños en el feto por exposición más allá de dicho periodo.
         Algunos estudios han encontrado alteraciones en las placentas de embarazadas expuestas a plaguicidas, específicamente organofosforados, las cuales muestran microinfartos, microcalcificaciones e incremento en el depósito de material fibrinoide, lo que disminuye la circulación feto-placentaria y ello se traduce en retraso en el crecimiento intrauterino e hipoxia en los recién nacidos.
Por otra parte, algunos efectos como el aborto espontáneo y el parto prematuro se han atribuido a la actividad uterotrópica, esto es, a su capacidad para inducir contracciones de la fibra uterina, de algunos plaguicidas, específicamente los de la familia de los organoclorados, entre los que se encuentra el DDT que, en nuestro medio, fue utilizado hasta finales de la década de los noventa para el control de la malaria. Asimismo, algunos plaguicidas se comportan como disruptores endocrinos, lo que interfiere con la acción fisiológica de determinadas hormonas necesarias para la integridad del proceso de la reproducción; así se ha encontrado que lo plaguicidas organoclorados pueden mimetizar el efecto de los estrógenos o antagonizar el de los andrógenos, lo que se ha asociado con feminización de los fetos e incremento en la frecuencia de alteraciones en los genitales externos en niños, sobre todo criptorquidias e hipospadias. Algunos plaguicidas organoclorados también interfieren con la implantación en el útero del óvulo fecundado y disminuyen los niveles de progesterona sérica, una hormona indispensable para la progresión del embarazo, originando pérdidas tempranas del mismo.
          Aunque los mecanismo enumerados hacen biológicamente plausible la asociación entre exposición a plaguicidas y daño reproductivo, en la mayor parte de los casos, la evidencia proporcionada por los estudios epidemiológicos es insuficiente y los resultados encontrados en algunos de ellos no son confirmados por otros. Ello se debe, en parte, a las dificultades metodológicas inherentes a este tipo de investigaciones en humanos, en las que la medición adecuada de la exposición se dificulta por la multiplicidad de compuestos involucrados, especialmente en el caso de la población que está expuesta en forma ocupacional, que utiliza mezclas complejas de plaguicidas, por lo que no es posible identificar el efecto de un plaguicida en particular; otra limitación en la medición de la exposición deriva del hecho de que muchos plaguicidas no se bioacumulan y desaparecen del organismo en pocas horas, de manera que los niveles encontrados en un momento determinado no reflejan necesariamente la magnitud de la exposición; por ende, no siempre es posible identificar los ingredientes activos de los plaguicidas a los que los sujetos han estado expuestos. Asimismo, la ausencia de definición de las “ventanas” de exposición de interés, es decir los periodos de vulnerabilidad en los que los plaguicidas ejercen su efecto sobre daños específicos, como, por ejemplo, sucede en el caso de las malformaciones congénitas, limita la posibilidad de encontrar asociaciones entre exposición y daño y de interpretar los resultados encontrados por los estudios.
         El panorama se hace todavía más complejo si consideramos que existe una susceptibilidad individual al efecto de los plaguicidas, mediada por la variabilidad genética, de forma que algunas personas detoxifican los plaguicidas a los que se han expuesto en forma menos eficiente, por lo que su riesgo de sufrir daños a la salud, entre ellos los reproductivos, por exposición a algunos de estos compuestos puede verse incrementado.
          En resumen, los estudios epidemiológicos sugieren que los plaguicidas actúan como tóxicos reproductivos, sin embargo, las evidencias todavía no son concluyentes por lo que se requiere el desarrollo de estudios que superen las limitaciones de los que se han realizado hasta el momento, sobre todo en lo relativo a la medición de la exposición, la definición de periodos relevantes de exposición y la consideración de la susceptibilidad individual a los plaguicidas. Asimismo es importante realizar investigación básica que permita identificar los mecanismos toxicológicos por los que los plaguicidas pueden actuar sobre la reproducción humana.


La Dra. Julia Blanco es investigadora en el tema de salud reproductiva y medio ambiente. Ha desarrollado trabajos de investigación para evaluar el efecto de factores de riesgo ambientales (específicamente metales pesados y plaguicidas) sobre la reproducción humana y su interacción con factores genéticos relacionados con la susceptibilidad individual a estos tóxicos. Ha participado como profesora titular de las unidades didácticas de Epidemiología Básica y Metodología de la Investigación, en el Instituto Nacional de Salud Pública.