Revista de Divulgación Científico-Tecnológica del Gobierno del Estado de Morelos

La masculinidad en crisis


Dra. María Lucero Jiménez Guzmán / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM-UNAM)

Archivo: Sociología

Se habla de una “crisis de masculinidad”, entendida en términos de una serie de replanteamientos sociales y subjetivos acerca de las funciones públicas y privadas de los sujetos varones, que cuestionan los papeles tradicionalmente asignados que dieron lugar a estereotipos no cuestionados sobre la definición dominante del ser varón en nuestra sociedad.
Estos estereotipos sobre lo que significa ser varón tienen una influencia definitiva en la manera en que los hombres se ven a sí mismos y en sus relaciones con otros y particularmente con las mujeres. Una de las exigencias fundamentales para acceder a la categoría de “hombre de verdad” ha sido durante muchos años el ser proveedor de la familia, y de preferencia un buen proveedor, lo cual además varía de acuerdo a la clase social y a la etnia de pertenencia de cada sujeto.
Hoy vivimos una época en la que el ser proveedor no depende exclusivamente de las capacidades y formación profesional de los individuos a los que se exige todavía en muchos casos el cumplimiento de la norma, sino de los movimientos del mercado laboral, consecuencia de un cambio de paradigma económico hacia el libre mercado y hacia la desestatización. Esta situación ha caracterizado a las economías latinoamericanas y a la mexicana en especial y entonces, surge la necesidad de analizar desde un enfoque sociológico y multidisciplinario la relación que la crisis laboral tiene con la crisis de la masculinidad en los términos expuestos y las diversas formas como los varones la experimentan, se resisten o se adaptan al interior de sus familias y sus posibles reestructuraciones.
La crisis laboral que se experimenta en nuestros países (y últimamente en casi todo el mundo) se ha relacionado con diversos aspectos, tales como la instauración de un modelo de desarrollo neoliberal caracterizado por una economía abierta, competitiva y regulada por el mercado con una cada vez menor participación del Estado en sus funciones económicas; transformaciones tecnológicas y organizacionales que buscan la disminución de costos no obstante la disminución de la planta laboral y las condiciones de empleo; quiebras de empresas incapaces de ajustarse a las nuevas condiciones de competencia desigual y del incremento de las importaciones por la globalización de la economía; privatización de industrias estatales y servicios públicos; y adelgazamiento de servidores públicos sustituidos por empresarios con nula experiencia en el sector en el caso mexicano reciente.
Hoy se reconoce en casi todos los ámbitos la existencia de un nuevo paradigma económico conceptualizado en términos de neoliberalismo y de globalización al cual se adjudica el trastocamiento de las condiciones de empleo a un punto tal que algunos autores hablan del fin del trabajo (Rifkin, 1996).

Los cambios en la estructura laboral, el cierre de fuentes de empleo y la desregulación llevan a algunos autores a calificar al modelo globalizador como excluyente (Jacquard, 1995) que expulsa del mercado laboral y por tanto del consumo a grandes contingentes de población. Todos estos cambios aparecen como aterradores. La percepción de los trabajadores (Arrospide,et, al 1998) se nutre de una cultura productiva que valorizó el trabajo estable, regulado y en relación de dependencia, en el que privan los derechos laborales y existen prestaciones, y la aspiración a un retiro digno. Contrariamente, el nuevo mercado laboral apela a la mentalidad emprendedora, el trabajo “free lance”, en un mercado libre, desrregulado, con mínimas prestaciones y mínimas garantías de futuro y autonomía. El desfase entre la percepción del empleo digno y las oportunidades de "mercado", genera situaciones de frustración, depresión, impotencia, tensiones y conflictos familiares, rupturas de lazos y redes sociales, además de las inevitables consecuencias económicas del desempleo o el subempleo que impide el aprovechamiento de las capacidades productivas individuales y sociales y genera por tanto, la destrucción de fuerzas productivas, así como el descenso social personal y familiar.

Si bien en diversos estudios realizados se ha documentado una mayor propensión de las esposas e hijos a trabajar, como estrategia de sobrevivencia, cuando los jefes de familia han dejado de percibir ingresos o cuando éstos disminuyen (García y Pacheco, 2000; García y de Oliveira, 1998), es importante también y por ello hace ya tres años emprendimos una investigación internacional y multidisciplinaria al respecto, explorar el significado de la disminución o pérdida de ingresos en los varones que antes habían sido reconocidos como jefes económicos y de familia, el significado que esto tiene para su autopercepción desde el ser varón, los cambios familiares ante esta nueva situación y el proceso vivido rumbo a una posible redefinición de papeles o funciones sociales reconocidas, así como las consecuentes transformaciones y posibles conflictos entre los valores normativos tradicionales y emergentes. Todo lo anterior a partir de la propia voz de los varones afectados.
Dentro de los resultados de la investigación que hemos llevado a cabo resaltan:

El desempleo y también la precarización laboral además de sus consecuencias económicas, psico-sociales que han sido terribles para las mayorías, han sido también factores que contribuyen a poner en crisis lo que ya venía resquebrajándose en relación a las significaciones de la masculinidad. Esta crisis (Burin, Jiménez y Meler 2007), abre un camino que si bien a menudo está cubierto de desesperanza, conflicto, angustia y a veces de muerte, también permite llevar a la discusión y análisis los valores que imponen las instituciones y la pasividad que adoptan ante ellas los sujetos.

La crisis aludida, en términos de las relaciones entre los géneros, nos invita a interrogarnos a nosotros mismos, a las significaciones y las instituciones que la sustentan, así como salir del conformismo, rescatando la autonomía y el poder de la imaginación, dar nueva vida a los hombres y mujeres mediante la creación de relaciones equitativas y de la participación colectiva. Esto no implica, de ninguna manera, dejar de analizar y criticar un modelo económico que nos han impuesto y que se caracteriza por generar y fomentar desigualdades, exclusiones y mucho dolor a la mayoría de los seres humanos, hombres y mujeres y que, con los fenómenos de crisis mundial que últimamente nos vuelven a imponer los grandes monopolios y países hegemónicos, dañan hoy inclusive a la mayoría de sus propios habitantes.


La Dra. María Lucero Jiménez Guzmán es doctora en Sociología e Investigadora de tiempo completo definitiva del Programa de Equidad y Género del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarías (CRIM-UNAM) y docente en el Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Es autora de libros, artículos, ponencias, conferencias, en temas relacionados con desarrollo, género, política social, construcción social de las masculinidades. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Pertenece a diversas organizaciones de la sociedad civil. Su actual línea de investigación es construcción social de las masculinidades desde la perspectiva de género. Es coordinadora del proyecto multidisciplinario e internacional sobre: “Crisis de la masculinidad y crisis laboral. Los casos de México y Argentina.