Revista de Divulgación Científico-Tecnológica del Gobierno del Estado de Morelos

El secuestro virtual, cadenas, espirales y espejos de la violencia.

Secuestro

Dra. Cristina Amescua Chávez / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Archivo: Sociología

“La Violencia es un concepto resbaloso – no lineal, productivo, destructivo y reproductivo. (…) La violencia se reproduce a sí misma. Por lo tanto podemos hablar de cadenas, espirales y espejos de la violencia, o (…) de un continuum de la violencia…” Nancy Scheper-Hughes
El secuestro virtual, conocido también como extorsión, se inserta en una nueva modalidad de delincuencia “a distancia”, característica de la sociedad actual, en la que se emplean las tecnologías de la comunicación para realizar desde estafas o fraudes, en los que la víctima sufre un despojo, no violento, basado en el engaño para obtener su colaboración, hasta extorsiones, en las que la cooperación para el despojo se obtiene mediante la violencia verbal y psicológica que se ejerce a través de las amenazas a la integridad física o a la vida de un tercero relacionado afectivamente con la víctima. Se emplean argumentos intimidatorios cuyas variantes han ido evolucionado y que muestran una radicalización creciente de la violencia psicológica.
          El secuestro virtual no es un fenómeno aislado que aparece de pronto como producto de la sola creatividad y capacidad de invención de la mente criminal. Es el resultado de un proceso social en el que entran en juego factores contextuales de violencia, criminalidad elevada e inseguridad percibida. Aunque se experimenta a nivel individual (y en algunos casos, familiar), es un problema social que se mueve entre lo personal y lo colectivo, reproduciéndose constantemente sin por ello repetirse. El secuestro virtual existe porque antes de él existieron condiciones sociales que lo hacen posible: la pobreza, la desigualdad, la corrupción, las altas tasas de criminalidad, las percepciones sociales sobre la inseguridad.
          La alta incidencia delictiva en el país contribuye a generar un clima de inseguridad que engloba fenómenos y experiencias de orden muy diverso. A nivel de la persona, la inseguridad puede describirse como un estado o sensación de vulnerabilidad en cuanto a al propio ser, a su integridad física, mental, y en su rol como miembro de una colectividad y un entorno determinados. No obstante cuando se aborda la dimensión colectiva, generalmente se asocia la inseguridad con un aumento en los índices de delitos, violencia y desconfianza en una sociedad. Pero una noción amplia de inseguridad pública, debe además considerar factores tales como las carencias o desigualdades por un lado en el ingreso personal y familiar, y por otro en el acceso a la educación, el empleo, la salud, la vivienda, y los servicios públicos básicos (como agua, gas o luz).
          “El secuestro tradicional es aquel mediante el cual se retiene y oculta a una persona con el propósito de exigir por su libertad algún provecho… ” de orden económico, publicitario o de carácter político (ICESI 2008). De acuerdo con la Procuraduría General de la República, en el primer semestre de 2008 se registró en México un aumento de 9.1% en la incidencia del secuestro, pasando de un promedio mensual de 62.5 a 64.6 y en todo el año se presentaron mil 28 denuncias de secuestros, la cifra más elevada en los últimos cuarenta años.
No obstante, es importante reconocer que el secuestro tradicional es una modalidad delincuencial que, a pesar de ofrecer un potencial de ganancia muy elevado, también requiere una sólida organización, una fuerte inversión e implica un riesgo muy elevado. Así, en un constante esfuerzo por minimizar los riesgos, la delincuencia ha diseñado otros tipos de secuestro que se presentan ya en varios países de Latinoamérica: el secuestro exprés y el secuestro virtual. Aunque en principio generan menos ganancias, conllevan un también menor riesgo y pueden realizarse con mayor frecuencia, llegando a acumular sumas importantes de dinero.
           En el secuestro virtual el delincuente marca un número telefónico – generalmente al azar - y la persona que contesta escucha una voz, frecuentemente de un menor, pidiendo ayuda. La víctima, presa del pánico reacciona automáticamente diciendo el nombre de su hijo o hija, y el delincuente comienza la extorsión. (ICESI 2002). Por lo general en este tipo de delitos se exigen desde quinientos pesos hasta veinte mil dólares. Según el informe "Resultados en Materia de Secuestros y Extorsión 2001-2005", elaborado por la Agencia Federal de Investigaciones, existen pruebas de que gran parte de las llamadas telefónicas con fines de extorsión surgen de las prisiones.
Aunque los datos sobre esta modalidad de extorsión, son todavía más escasos y confusos que los relacionados con el secuestro tradicional, el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Procuración de Justicia del Distrito Federal reporta que de acuerdo con varias dependencias de la Secretaría de Seguridad Pública, la extorsión telefónica ha ido en aumento, generando un promedio de 30 denuncias al día. No obstante, estas mismas fuentes estiman que los delincuentes realizan aproximadamente 4 mil 500 llamadas mensuales, de las cuales entre 15% y 20% les reportan alguna ganancia. De diciembre de 2007 a la fecha, esta organización informa haber recibido 121 mil 152 llamadas de las cuales 4 mil 021 fueron para denunciar una extorsión ya consumada.
          Para que el secuestro virtual exista, opere y funcione como una estrategia de despojo es necesario que se den algunas condiciones básicas. En un primer momento, la violencia estructural exacerbada por las políticas neoliberales impuestas desde finales del siglo XX, genera condiciones de vida que son campo fértil para la reproducción acelerada de la delincuencia, y por ende de la violencia; por otro lado, la impunidad y la corrupción permiten que las prácticas delictivas sean cada vez más frecuentes los cual genera en la sociedad, una sensación de vulnerabilidad que facilita que un engaño como el del secuestro virtual tenga éxito.
Si bien es cierto que la percepción no crea (por sí sola) la realidad, también es innegable que entre ellas existe una relación dialéctica en la que la realidad moldea y da contenido a la percepción, al tiempo que la percepción desempeña un importante rol en la configuración de lo que conocemos (y experimentamos) como real.
Sin duda los medios de comunicación tienen un efecto espectacular e las percepciones sobre inseguridad, pero hay que considerar que las percepciones sociales se construyen también a partir de los relatos cotidianos, de las experiencias de otros que se narran, se escuchan y se internalizan incesantemente en los contactos de la vida diaria, en el camión, o en la calle, con un café o en el almuerzo, en el trabajo o en la cena familiar. Así, las percepciones sobre la inseguridad se van configurando a partir de cada uno de los relatos de asaltos, robos, secuestros, violaciones vividos personalmente o referidos por un tercero. Se percibe por ejemplo que el cerco de la violencia se va cerrando sobre los individuos, las víctimas ahora, ya no son el compañero de trabajo de la esposa de un cuñado, ahora las víctimas son la madre, el esposo, una hermana, los hijos… o uno mismo.
          De acuerdo con Luis De La Barreda y Cecilia Sayeg (2007), en México “más de la mitad de la población considera que la criminalidad ha afectado su calidad de vida.” El efecto expansivo y replicador de la delincuencia es de gran intensidad en el ámbito de las percepciones. Así aunque “sólo” dos de cada diez personas en zonas urbanas han experimentado algún delito, se calcula que un 50.3% de la población considera que su calidad de vida se ha visto afectada en algún grado como consecuencia de la delincuencia. De acuerdo con la ENSI, en el 2001 23% de las personas modificaron actividades por “temor a ser victima de algún delito” (ENSI-1 2002), esto es casi una tercera parte de la población. Pero la cifra aumenta vertiginosamente hasta llegar a 65% en 2007 (ENSI-5 2008).
          Esta conciencia permanente de la violencia y la inseguridad, tiene un efecto importante en la reproducción social del fenómeno. El secuestro virtual, es una mentira (la de que alguien está secuestrado) que funciona porque alude a una dimensión de la realidad percibida que opera con base en la siguiente secuencia: los secuestros ocurren, son cada vez más frecuentes, podría ser posible que me ocurriera a mí también.

La versión completa de este artículo fue publicada en la Revista TRACE Nº 57, Junio 2010, Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, Embajada de Francia en México.

REFERENCIAS
De la Barreda, Luis y Cecilia Sayeg 2007 - Análisis de la percepción de Inseguridad. ICESI. México.
ICESI 2002 - La Inseguridad Pública en México. Revista Etorno (70) COPARMEX. México http://www.coparmex.org.mx/contenidos/publicaciones/Entorno/2002/oct02/a.htm
ICESI 2008, El Secuestro en México: tipos y cifras, Agosto, http://www.icesi.org.mx/publicaciones/articulos/2008/secuestro_en_mexico.asp
Scheper-Hughes, Nancy &Philippe Bourgeois, (Eds) 2004 - Making sense of violence In Scheper-Hughes, Nancy & Philippe Bourgeois, (Ed.), Violence in War and Peace: 1-31. Blackwell Readers in Anthropology, Blackwell Publishing, Oxford, UK

Otras referencias consultadas:
- www.icesi.org.mx/estadisticas/estadisticas_encuestasNacionales.asp?uv=Ntc6
- www.icesi.org.mx/estadisticas/estadisticas_encuestasNacionales_ensi1.asp
- www.icesi.org.mx/documentos/encuestas/encuestasNacionales/ENSI-5.pdf
- www.seguridadpublicaenmexico.org.mx/estudios%20sobre%20mexico/menu_2.htm
- www.ssp.gob.mx/portalWebApp/ShowBinary?nodeId=/BEA%20Repository/414002

1Cada vez de otorga mayor difusión a esta modalidad delincuencial en la que la victima recibe un correo-electrónico (fraude cibernético) o una llamada telefónica en los que se le avisa que ha ganado un premio, que su banco requiere confirmación de datos de seguridad, o que se le ofrece la oportunidad de participar en un negocio jugoso. A cambio solamente se solicitan datos personales o pequeñas cantidades de dinero, que la victima proporciona gustosa esperando obtener a cambio algún beneficio rápido y fácil.
2Este tipo de extorsiones tienen como base la intimidación mediante alguna amenaza a la integridad, la seguridad o la vida propia o de algún ser querido. De acuerdo con el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Procuración de Justicia del Distrito Federal, las modalidades más empleadas son: “(a) un supuesto hijo o hija secuestrado, (b) amenaza de secuestro o muerte, (c) supuestos integrantes de los zetas que tienen el encargo de privar de la vida al destinatario de la llamada por una venganza; (d) hijo detenido en un centro comercial, (e) pariente que viene del extranjero se encuentra detenido por Agentes Aduanales.” (http://www.consejociudadanodf.org.mx/)
3Entre los pocos que fue posible ubicar, el Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE) afirma que en 2001 la cifra reportada de secuestros virtuales fue de menos de 10 casos, aumentando vertiginosamente hasta alcanzar los 10 mil secuestros virtuales en 2007.

 


Semblanza


Cristina Amescua Chávez es doctora en Antropología Social por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), actualmente es investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM.